lunes, 1 de abril de 2019
Según Asempleo y API, para este 2019 se preve un aumento de la ocupación de 409.000 personas
La patronal de las agencias de colocación Asempleo y Analistas Financieros Internacionales (Afi) prevén un aumento de la ocupación de 409.000 personas para 2019, lo que supone un crecimiento del 2,1 % respecto al año anterior.
Según el avance del mercado laboral AML publicado este
jueves por Asempleo y Afi, la tasa de paro experimentaría una reducción hasta
el 13,9 % en promedio anual, confirmándose así la progresiva recuperación del
mercado de trabajo.
No obstante, el informe advierte de que la desaceleración en
el mercado de trabajo es "evidente", ya que en los últimos años se
han creado más de medio millón de puestos de trabajo anuales -566.200 en 2018,
según la EPA.
De cara a los próximos tres meses, el indicador de Asempleo
y Afi apunta a que se mantendrá la senda de desaceleración en el ritmo de
creación de empleo, si bien aún en tasas elevadas de en torno al 2,5 % -en 2018
el empleo aumentó un 2,98 %, según la EPA.
Sin embargo, el efecto base del cambio de mes de la Semana
Santa con respecto al año pasado -en 2019 tendrá lugar en el mes de abril
cuando en 2018 se produjo en marzo- podría acentuar la moderación en el ritmo
de creación de empleo en marzo para posteriormente acelerarse de nuevo en
abril.
El presidente de Asempleo, Andreu Cruañas, ha explicado que
la actividad económica durante el mes de febrero -últimos datos publicados de
paro y afiliación- se ha resentido por la debilidad industrial y comercial en
las principales economías del euro, lo que podría hacer mella en las decisiones
de contratación de los próximos meses.
En este sentido, el estudio detalla que los registros
laborales de febrero se comportan "ligeramente peor de lo esperado",
ya que la afiliación creció en 69.172 personas (75.000 previstas) y el paro
registrado aumenta en 3.279 personas, cuando se preveía una caída de 6.000
personas respecto al mes anterior.
"Con la pérdida de impulso del ciclo, cada vez serán
más determinantes los mecanismos microeconómicos que ayudan al funcionamiento
del mercado", ha recomendado Cruañas
lunes, 4 de marzo de 2019
Cuánta precariedad laboral estamos dispuestos a soportar?
Este mes de febrero, el paro registrado aumentó en 3.279 personas, el peor dato desde 2013, si bien la Seguridad Social ganó
69.172 afiliados después del "parón" navideño. Los
sectores a los que se debe principalmente el aumento de la afiliación en febrero son la construcción, la educación
y la hostelería. De los 1,6 millones de
contratos firmados en el pasado mes, casi un 11% fueron indefinidos, frente al
89% de temporales. Los contratos indefinidos disminuyen un 3% respecto a los suscritos
de esta modalidad en febrero de 2018, mientras que el número de contratos
temporales aumentó un 2%. Desde luego no
es un buen dato, además el empleo sigue precario.
Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto
trimestre del 2018, los datos de paro fueron positivos, y cerraron un ejercicio
2018 muy favorable en materia de empleo,
la cuestión clave es que en 2018
creció el empleo y se redujo el paro pero, Cuánta precariedad estamos
dispuestos a soportar?
La pregunta se la hacen Economistas Frente a la Crisis, que despues de analizar datos señalan que las evidencias, son que la economía española no tiene
problemas para crear empleo cuando la economía crece, lo que sucede desde 2014. El comportamiento se debe a la estructura productiva, más intensiva en
empleo que en otras economías, y a la escasa calidad (y, en consecuencia,
productividad) del empleo creado. En términos generales, se crea mucho, pero mal
empleo. Y poco se hace para cambiar este estado de cosas.
En el pasado año esto volvió a ser así. Mientras el empleo
indefinido creció a un ritmo del 3,1%, el temporal lo hizo al 3,9%. Casi uno de
cada tres empleos asalariados creados fue temporal (31,5%). La tasa de temporalidad
(la ratio entre empleo asalariado temporal y total) aumentó apenas una décima
respecto al año anterior.
Los datos de la EPA, evidenciaron que el empleo a jornada
parcial fue una vez más, uno de los responsables de la baja calidad de este. No
tanto porque su volumen relativo fue muy elevado (supuso el 14,8% del total, se
venía reduciendo suavemente desde 2014, tras crecer mucho en el quinquenio
anterior), sino por su carácter eminentemente involuntario.
Más de la mitad del empleo parcial (52,8%) del total, fue
aceptado a falta de un empleo a jornada completa, que es la preferencia, además
tres de cada cuatro empleos parciales estaban ocupados por mujeres. Lo que
constituye una de las fundamentales vías de segmentación y desigualdad laboral
entre ambos sexos, en perjuicio de las mujeres.
Hay un total de 1,8 millones de personas en trabajos
subempleados, es decir, trabajando menos horas de las que desean.
Por lo que se refiere al desempleo, y a pesar de la
reducción mencionada, persiste una elevada proporción de desempleo de larga
duración, para los que no se aportan soluciones eficaces. Casi la mitad (47%)
de las personas en situación de desempleo llevan más de un año buscando empleo,
y uno de cada tres (33%) lleva más de dos años.
En definitiva, 2018 fue un buen año en cuanto a creación de
empleo y reducción del paro, pero siguen (y en algunos ámbitos se incrementan)
las vías de precariedad laboral, que hacen que nuestro empleo sea, en términos
generales, poco productivo, inseguro y mal pagado. Nuestra economía se ha
acostumbrado a convivir con esta anomalía, a costa de una menor competitividad
de las empresas de muchos sectores y, sobre todo, de asumir la pérdida de
calidad de vida de millones de familias trabajadoras.
El problema fundamental es que, si no se soluciona el
gravísimo problema de baja calidad del empleo que arrastramos, no será posible
afrontar con garantías ni la reducción de la desigualdad económica y social, ni
la reducción de la pobreza, ni la sostenibilidad y mejora de las pensiones, ni
siquiera la consecución, de manera estable, de unas cuentas públicas saneadas.
Porque todos los desequilibrios tienen su origen en el sistemático desperdicio
de recursos que supone para el país aceptar un modelo de crecimiento basado en
empleos poco productivos, inseguros y mal retribuidos.
Para Economistas Frente a la Crisis, el
necesario cambio debe venir de que las empresas deberian dejar de obtener
rentabilidad por la vía de contratar empleo precario, a lo que ayudarían dos
cosas. Primero, que el gobierno de turno asumiera que ese cambio en la calidad
del empleo es una estrategia de país prioritaria, y dirigiera los recursos
adecuados (intelectuales y financieros) a ello, lo que exige voluntad política
para acometer los cambios oportunos tanto en la política económica general como
en la laboral. Y segundo, que las empresas más eficientes, las que apuestan por
el conocimiento y la aportación participativa de los trabajadores y
trabajadores, como unos de sus factores de desarrollo esenciales (que las hay)
asumieran protagonismo en ese discurso para el cambio, aliándose con los
sindicatos para impulsar un pacto por el crecimiento y el empleo decente que
pusiera el acento en mejorar aquellos factores verdaderamente influyentes sobre
la competitividad a largo plazo en la nueva economía, y que van mucho más allá
de los costes laborales. Fuente: ElDiario.es EconomistasFrenteALaCrisis
Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre del 2018, los datos de paro fueron positivos, y cerraron un ejercicio 2018 muy favorable en materia de empleo, la cuestión clave es que en 2018 creció el empleo y se redujo el paro pero, Cuánta precariedad estamos dispuestos a soportar?
La pregunta se la hacen Economistas Frente a la Crisis, que despues de analizar datos señalan que las evidencias, son que la economía española no tiene problemas para crear empleo cuando la economía crece, lo que sucede desde 2014. El comportamiento se debe a la estructura productiva, más intensiva en empleo que en otras economías, y a la escasa calidad (y, en consecuencia, productividad) del empleo creado. En términos generales, se crea mucho, pero mal empleo. Y poco se hace para cambiar este estado de cosas.
En el pasado año esto volvió a ser así. Mientras el empleo indefinido creció a un ritmo del 3,1%, el temporal lo hizo al 3,9%. Casi uno de cada tres empleos asalariados creados fue temporal (31,5%). La tasa de temporalidad (la ratio entre empleo asalariado temporal y total) aumentó apenas una décima respecto al año anterior.
Los datos de la EPA, evidenciaron que el empleo a jornada parcial fue una vez más, uno de los responsables de la baja calidad de este. No tanto porque su volumen relativo fue muy elevado (supuso el 14,8% del total, se venía reduciendo suavemente desde 2014, tras crecer mucho en el quinquenio anterior), sino por su carácter eminentemente involuntario.
Más de la mitad del empleo parcial (52,8%) del total, fue aceptado a falta de un empleo a jornada completa, que es la preferencia, además tres de cada cuatro empleos parciales estaban ocupados por mujeres. Lo que constituye una de las fundamentales vías de segmentación y desigualdad laboral entre ambos sexos, en perjuicio de las mujeres.
Hay un total de 1,8 millones de personas en trabajos subempleados, es decir, trabajando menos horas de las que desean.

En definitiva, 2018 fue un buen año en cuanto a creación de empleo y reducción del paro, pero siguen (y en algunos ámbitos se incrementan) las vías de precariedad laboral, que hacen que nuestro empleo sea, en términos generales, poco productivo, inseguro y mal pagado. Nuestra economía se ha acostumbrado a convivir con esta anomalía, a costa de una menor competitividad de las empresas de muchos sectores y, sobre todo, de asumir la pérdida de calidad de vida de millones de familias trabajadoras.
El problema fundamental es que, si no se soluciona el gravísimo problema de baja calidad del empleo que arrastramos, no será posible afrontar con garantías ni la reducción de la desigualdad económica y social, ni la reducción de la pobreza, ni la sostenibilidad y mejora de las pensiones, ni siquiera la consecución, de manera estable, de unas cuentas públicas saneadas. Porque todos los desequilibrios tienen su origen en el sistemático desperdicio de recursos que supone para el país aceptar un modelo de crecimiento basado en empleos poco productivos, inseguros y mal retribuidos.
Para Economistas Frente a la Crisis, el necesario cambio debe venir de que las empresas deberian dejar de obtener rentabilidad por la vía de contratar empleo precario, a lo que ayudarían dos cosas. Primero, que el gobierno de turno asumiera que ese cambio en la calidad del empleo es una estrategia de país prioritaria, y dirigiera los recursos adecuados (intelectuales y financieros) a ello, lo que exige voluntad política para acometer los cambios oportunos tanto en la política económica general como en la laboral. Y segundo, que las empresas más eficientes, las que apuestan por el conocimiento y la aportación participativa de los trabajadores y trabajadores, como unos de sus factores de desarrollo esenciales (que las hay) asumieran protagonismo en ese discurso para el cambio, aliándose con los sindicatos para impulsar un pacto por el crecimiento y el empleo decente que pusiera el acento en mejorar aquellos factores verdaderamente influyentes sobre la competitividad a largo plazo en la nueva economía, y que van mucho más allá de los costes laborales. Fuente: ElDiario.es EconomistasFrenteALaCrisis
jueves, 21 de febrero de 2019
Codema45, en la Comisión de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias del Parlamento de Catalunya
El pasado 30
de enero Assat50 (Hospitalet), las asociaciones APMA (Asociación de parados
Mayores Activos de Santa Coloma de Gramenet), Tacompanyem (Barcelona), de
CODEMA45, expusieron la situación del
colectivo de personas desocupadas de más de 45 años, en la Comisión de Trabajo,
Asuntos Sociales y Familias del Parlamento de Cataluña de hoy.
En la
Comisión estaban los diferentes grupos parlamentarios, excepto el PP, que
escucharon las exposiciones de las tres asociaciones con interés, después los grupos
intervinieron y hacer preguntas.
Se expuso la crisis económica del 2008 provoco una gran destrucción de ocupación, que afecto
de forma más intensa a las personas de mayores de 45 años. Según el VI Informe
sobre personas mayores de 45 años en el mundo laboral, elaborado por Fundación
Adecco, al 2007 había 422.000 personas de más de 45 años al paro, y el 2014 ya
había 1.906.100; cerca del 40% del total del paro en España. Otros informes como el del Consejo Económico
y Social (CES) sobre la situación socio laboral de las personas de 45 a 64 años
de edad, consideran que las políticas de ocupación "no cumplen de manera
adecuada sus funciones", cosa que provoca esas personas sufran más paro de larga duración.
También el informe del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Cataluña
(CTESC "La población de 45 a 64 años en situación de paro de larga
duración”, y el del Síndic de Greuges de Catalunya Propuestas con relación al
paro de los mayores de 45 años, de abril de 2016", hablan de la difícil
situación del colectivo.
Después de
presentar la situación se detallaron medidas para mejorar la situación de unas personas con
mucha experiencia y ganas de trabajar, sin embargo son vetadas por el mercado
laboral:
- Es necesaria
una protección a la vulnerabilidad social (subsidio por agotamiento de
prestaciones, etc.) que le permita vivir a estas personas dignamente.
- Los programas de formación deber atender a las necesidades de las empresas, actualmente mucha de la formación no es efectiva para encontrar trabajo. Hay que tener en cuenta la demanda del mercado laboral, por ejemplo las ofertas de trabajos para reparto, la formación debería incluir la obtención del carné de conducir, etc.
- La gestión del factor edad debe ser abordada con un enfoque positivo e integral, hacen falta campañas en favor de la experiencia y el talento, así como ayudas y subvenciones a las empresas para la contratación de estas personas.
- Los servicios públicos de empleo, tienen que mejorar la tarea de intermediación y cuadrar mejor la oferta y demanda. Además de ofrecer ayuda, para empoderar y orientar en la búsqueda de empleo teniendo en cuenta las características del colectivo.
- Hacen falta medidas que faciliten el auto-empleo teniendo en cuenta las características del colectivo.
- Es necesario prepararse
para la 4ª Revolución Industrial, que ya está aquí, es necesario mirar hacia modelos educativos, laborales y de
organización de la Administración de países como Estonia, Finlandia, Canadá,
Austria o Estados Unidos, etc.
- Se solicito asimismo la participación Codema45 en comisiones de empleo, foros de trabajo, etc.… de administraciones públicas y privadas, para proponer ideas para la inserción laboral del colectivo, por la no discriminación laboral por edad al mundo laboral, para dar más visibilidad al colectivo, etc.
lunes, 21 de enero de 2019
Paro y persona mayor de 45 años: Cómo encontrar trabajo?
Aunque la experiencia es un grado, estar en el paro se convierte en una dificultad mayor si se superan los 45 años. De ello son conscientes las aproximadamente 100.000 personas en esta situación, según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, cifra que se mantiene muy por encima de la de otros intervalos de edad. En efecto, la inserción laboral de este colectivo plantea una paradoja no exenta de polémica: se buscan profesionales con experiencia y cualificación pero la edad sigue suponiendo un inconveniente para acceder al mercado de trabajo. Así, estudios recientes reflejan que un 40,6% del total del desempleo y más de un 80% de las personas en paro de larga duración tiene más de 45 años. Sin embargo, sólo un 30% de quienes superan esta edad consigue encontrar una ocupación. A continuación ofrecemos fórmulas para encontrar empleo en esta franja de edad.
Trabajo para mayores de 45 años
En medio de este escenario, la Fundación Adecco ha realizado el 1er Estudio de percepción laboral a paro y ocupación de mayores de 45 años, a partir de una encuesta realizada a este colectivo, para conocer sus inquietudes y preocupaciones y arrojar algo de luz al panorama de incertidumbre que muchos de ellos viven en la actualidad.Mujer, sin formación universitaria y procedente del sector servicios
Un 60,3% de las personas encuestadas es del sexo femenino y más de la mitad cuenta con responsabilidades familiares. Además, un 34,3% de ellas tiene estudios secundarios, seguido de un 31,1% con estudios elementales, un 17,9% con Formación Profesional y un 17% con estudios universitarios. En cuanto al sector de procedencia, casi un 70% de las encuestadas trabajaba en el sector servicios.Estos datos coinciden con el perfil de persona en paro mayor de 45 años que acude diariamente a las oficinas de la Fundación Adecco en busca de empleo. Según Almudena Martín, consultora de selección de la Fundación en Madrid: “Son muchas más las mujeres que los hombres que se acercan a buscar trabajo, normalmente de nacionalidad española. Algunas de ellas perdieron su empleo con la crisis económica. Otras, han realizado en los últimos años trabajos intermitentes en el sector servicios, pero hace tiempo que no conocen la estabilidad laboral“.
Aunque no existe un nicho laboral especialmente propenso a la contratación de este perfil profesional, la asistencia social está resultando ser un área proclive a su acogida: el cuidado a ancianos, niños y personas dependientes es un servicio muy demandado y que no requiere una elevada preparación, sino responsabilidad, fidelidad y madurez, cualidades a menudo inherentes a estas personas.
La necesidad de aprovechar cualquier oportunidad laboral
Las personas mayores de 45 años suelen quedarse sin trabajo después de largos periodos en la misma empresa, lo que provoca que se sientan desorientados a la hora de afrontar su nueva condición de personas desempleadas y desconozcan cómo gestionar con eficacia su reincorporación al mercado laboral.Cuando se les pregunta el motivo por el que se hallan en paro, un 65,9% afirma haber perdido su empleo: despidos, EREs o finalización de contrato son algunos de los motivos. Por detrás, existe un 26,8% que busca trabajo por primera vez o tras periodos de inactividad, la mayoría mujeres a las que la crisis económica ha empujado a buscar una ocupación para ayudar en la economía doméstica. Por último, un 7,3% afirma estar en paro por haber renunciado voluntariamente a su trabajo anterior.
Para muchos, cada día sin empleo supone un importante lastre para cubrir sus necesidades económicas: de ahí que encontrar trabajo deje de ser una aspiración o deseo para convertirse en una imperante necesidad. Así, un 61,6% de los parados encuestados declara que la falta de ingresos se ha convertido en su principal preocupación. Por detrás de esta necesidad, los mayores apuntan otras razones que les generan intranquilidad: exclusión social (13,9%), demasiado tiempo libre (11%) o carencias de autoestima (5%) son algunas de ellas.
Todo esto les mueve a aprovechar cualquier oportunidad de trabajo que se presente: un 89,3% aceptaría un empleo de cualificación inferior a su formación, incluso si no estuviera relacionado con su sector de procedencia. Parece que ésta es una realidad generalizada, ya que no se aprecian diferencias significativas entre las respuestas de los que tienen estudios superiores y los que tienen una menor formación, superando en ambos casos el 85%. Las personas ocupadas mayores de 45 años comparten esta visión y se muestran cautelosas en sus respuestas: un 54,7% declaran que no intentaría cambiar de trabajo aunque no estuvieran satisfechas en el actual y un 81,3% afirma que si se quedara en el paro aceptaría un empleo de categoría inferior.
Tales circunstancias no son de extrañar si tenemos en cuenta que el 36,9% de las personas encuestados lleva más de un año en el paro y más de la mitad (53,7%) cuenta con cargas familiares o responsabilidades no compartidas. En el caso de los ocupados esta última cifra asciende a 64,1%.
Tras el 36,9% que lleva más de un año en paro, un 35,2% de los encuestados lleva de uno a 6 meses, seguido de un 23,3%, que lleva de 7 a 12 y un 4,5% que se encuentra en esta situación desde hace menos de un mes.
La edad por encima de 45 años, una dificultad añadida
Pese a los primeros síntomas de debilitamiento de la crisis, la confianza laboral de las personas en paro y ocupadas mayores de 45 años sigue sin gozar de buena salud: un 37,6% opina que tardará más de un año en encontrar trabajo, seguido de un 36,5% que opina que transcurrirán de 1 a 6 meses. Un 22,4% que opina que le llevará de 7 a 12 y tan sólo un 3,5% confía en que tardará menos de 1 mes.Por su parte, quienes tienen empleo se muestran algo más optimistas: un 55,6% afirma sentirse con seguridad en su puesto de trabajo y no tener temor a perderlo, frente a un 44,4% que cree que podría quedarse sin ocupación en cualquier momento.
Todos ellos coinciden en que la edad les convierte en víctimas dobles de la difícil coyuntura económica: un 84,6% de los demandantes de empleo considera que su edad es el principal obstáculo para acceder al mercado laboral, frente al 15,4% que opina que la crisis afecta a todos por igual. De los que tienen empleo y temen perderlo, un 69% afirma que su edad puede ser el principal problema para conservarlo.
La ambivalencia de sobrepasar los 45 años
Las personas mayores de 45 años cuentan con cualidades intrínsecas muy valoradas por los Departamentos de Recursos Humanos: experiencia, madurez, fidelidad y control emocional son algunas de ellas.Sin embargo y a pesar de estos valores añadidos, ¿por qué encuentran tantas dificultades para acceder al mercado laboral? La falta de concienciación social y cuestiones de índole económico, son algunas de las razones que pueden responder a esta pregunta.
Según Almudena Martín: “En muchas ocasiones, las empresas se vuelven recelosas a la hora de contratar a mayores de 45 años, ya que presuponen que tienen un coste más alto y exigen un tipo de contratación estable. Por el contrario, piensan o tienen la creencia errónea de que los jóvenes aceptarán contratos más precarios, trabajando más horas y peor remuneradas”.
No obstante, muchas veces son las carencias formativas las que juegan en su contra, cuestión que les imposibilita competir en un mercado de crisis como el actual. De ello son conscientes la mayoría de las personas encuestados, y por ello, un 61,5% asegura estar invirtiendo tiempo en su formación, frente a un 38,5% que no lo considera necesario.
Recomendaciones mayores de 45 para encontrar trabajo
Si bien no existen fórmulas mágicas para la inserción de los mayores en el mercado laboral, desde la Fundación Adecco se recomienda seguir una serie de pautas para digerir mejor los periodos de desempleo. En primer lugar, el currículum es nuestra carta de presentación y en el caso de los mayores de 45 años se aconseja:- Destacar la experiencia profesional y los cursos más actuales al principio del currículum.
- Evitar textos demasiado extensos e intentar ser breves y concisos. Debido a que a edades avanzadas, los parados suelen contar con una trayectoria profesional muy extensa, han de sintetizar y escoger sus experiencias más significativas y cualificadas.
También es importante no descuidar el aspecto formativo: el reciclaje profesional puede ser una nueva motivación para sobrellevar la situación de desempleo. Desde la Fundación Adecco se aconseja aprovechar el tiempo sin trabajo para realizar cursos de formación orientados a aquellas áreas que son más solicitadas y que requieren mayor actualización. Los cursos más representativos en este sentido son los relacionados con la informática, las nuevas tecnologías y las técnicas de márketing y ventas.
El objetivo último es equiparar a los mayores de 45 años con aquellos más jóvenes en materia de formación, y de esta forma conseguir que la mayor experiencia de los primeros se convierta en un valor añadido.
Sin embargo, son las empresas quienes en última instancia deben decidir si quieren contar en su plantilla con personas mayores de 45 años. Actualmente existen bonificaciones e incentivos de los que pueden beneficiarse si contratan a personas en esta situación. De la totalidad de las personas encuestados, un 69,3% conoce estos incentivos legales, pero sólo un 21% de éstos las expone en las entrevistas de trabajo, frente al 79% que no lo considera útil.
Finalmente, cuando se les pregunta a las personas en mayores de 45 años si creen que en las empresas existe conciencia sobre el envejecimiento de la población, y la necesidad de contratar a mayores de 45 años, un 87,4% de los parados responde negativamente a esta cuestión. Esta cifra desciende a 67,2% en el caso de los que tienen empleo.
Según un de encuestado, madrileño, de 58 años, con trabajo y estudios universitarios: “Las empresas deben entender que una sociedad no puede apoyar su futuro en las espaldas de las generaciones menores a los 45 años. Es un modelo social insostenible y condenado al fracaso”.
Oferta de empleo: abstenerse mayores de 45
Aunque nadie de atreve a incluir esta frase en las ofertas de empleo, es una realidad que sufre el colectivo en paro mayor de 45 años, que supone en Europa mas del 51% de tasa de paro, algo más en España. Sin embargo, las personas mayores de 45 años son un colectivo con capacidad para aportar al mundo del trabajo un importante bagaje de experiencia y productividad, dos factores claves en el desarrollo de las economías y de las empresas. La experiencia no es “repetir” siempre las mismas cosas, sino una forma de conocimiento que permite optimizar las actuaciones, y evitar errores ya conocidos en situaciones similares, según analiza en este artículo de opinión el promotor del portal Empleo Senior, Luis Capella.Por otra parte, la productividad supone que, utilizando adecuadamente los recursos, se logra una mayor rentabilidad/efectividad. Lo curioso es que todos los analistas diagnostican que el mayor problema de la economía es la baja productividad.
Entonces, la “pregunta del millón” es: ¿porqué no se PERMITE trabajar a las personas mayores de 45 años? Es evidente que la respuesta la deben dar la empresas que son las responsables de esta injusta actuación. Sin embargo, se pueden analizar algunas posibles causas:
- “Mileurismo” en mano de obra joven. La supuesta labor de inserción laboral de jóvenes, desplaza a los mayores, quizás por que sean menos fáciles de “domesticar” en empleos precarios y mal retribuidos.
- Hay empresas que piensan que la persona mayor tiene un coste alto y un riesgo de que exija un tipo de contratación fija.
“Cortoplacismo agudo” Con este término se quiere referir a esos gestores que viven preocupados por el corto plazo (fin de año) y no piensan en términos de mas de un año. Es decir, no se considera la productividad.
- También con visión “cortoplacista” no se tiene en cuenta el aporte que supone este colectivo a la Seguridad Social, cuya viabilidad podría reforzarse con este colectivo.
- Falta de capacidad de innovación e imaginación. Por ejemplo, la posibilidad de colaborar con empresas a tiempo parcial, con remuneraciones especiales, dentro del marco legal en vigor. Otro ejemplo: Las Pymes NECESITAN el aporte de experiencia y calidad que puede ofrecer un colectivo ACTUALMENTE EN PARO, a costes adaptados a sus posibilidades. O dicho en términos sajones, incorporar un sistema de “Interim Management”.
- Sistemas de subvenciones públicas poco interesantes para los empresarios. Primar el empleo de este colectivo con los incentivos actuales, se ha demostrado de baja eficacia para los empleadores.
Nuestro modelo económico, que permite prejubilaciones de escándalo (de hasta a personas de 48 años) debe replantearse la incorporación de este colectivo al mundo laboral. Y, además, cuando se plantean en Europa dos brutales paradojas: ampliar la edad de jubilación y la duración de la jornada laboral por encima de las 40 horas, teniendo miles de mujeres y hombres perfectamente preparados para cubrir todo tipo de puestos de trabajo.
Para terminar, una pregunta y un recuerdo de la Constitución: -la pregunta: ¿Quién prefiere que le opere, un experto neurocirujano de 50 años o un recién titulado en Medicina?
Fuente:CasaCocheCurro
viernes, 21 de diciembre de 2018
El mercado laboral se empeña en rechazar a las personas mayores de 50 años
Ser mayor de 50 años es sinónimo de riesgo. Las personas que
superan esa barrera se encuentran, posiblemente, en uno de los mejores momentos
de su vida, pero las circunstancias no acompañan en una sociedad cada vez más
frenética y desquiciada. Todo el mundo dice que los 50 son los nuevos 40, pero
eso es solo en la teoría. Que sí, que a esta edad muchos están hechos un
pincel, hacen deporte de forma habitual, gozan de una buena salud, acumulan
experiencia y madurez y tienen el don de saber estar y cintura para sortear las
dificultades. Pero ¿qué pasa cuando una persona que se encamina hacia los 60
intenta encontrar un trabajo? La respuesta es sencilla: portazo.
En España, el 70% de los parados que llevan más de cuatro
años buscando empleo son mayores de 50 años. Lo dicen los datos del Servicio
Público de Empleo (SEPE). En Aragón, de las 22.491 personas que suman más de un
año en el desempleo, 12.968 tienen entre 50 y 64 años. Y en esta radiografía,
como viene siendo habitual, las mujeres son las peor paradas, con 8.200
aragonesas instaladas en el paro de larga duración. Con estos datos no es
descabellado concluir que el mercado de trabajo es en estos momentos una de las
caras más visibles de la discriminación social.
Los mensajes en redes sociales como Linkedin se llenan, cada
vez más, de perfiles de gente que a los 50 o 55 años se quedan en la calle. Se
trata, por lo general, de personas con cierta formación, pero también hay mucho
sobrecualificado. Y ese es otro gran problema. Si has trabajado en la
construcción o en la hostelería y te quedas sin trabajo a una edad avanzada
tienes muchos boletos para ser carne de parado de larga duración. Si, por el
contrario, cuentas con una carrera afianzada, experiencia y ciertas destrezas y
aptitudes para seguir desempeñando tu trabajo, nadie quiere saber nada de ti,
no vaya a ser cosa que te tengan que pagar un sueldo acorde a tus
conocimientos. Es, en resumen, la dictadura de la edad.
¿Alguien conoce algún premio destinado a reconocer a
emprendedores maduros? Si existe, se podría importar a Aragón, porque en la
comunidad hay muchos ejemplos de personas entradas en años que tienen mucho que
enseñar, por ejemplo, a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Se
trata de aprovechar el capital humano, de darle otra dimensión y, de paso,
generar sinergias positivas para las empresas y la sociedad.
En los últimos años, hay miles de personas en Aragón de más
de 45 ó 50 años, cuyas vidas laborales se vieron amputadas por la crisis. Me
vienen a la cabeza episodios como el cierre de Hispano Carrocera en el 2013,
que dejó en la calle a casi 300 trabajadores; el final de la planta de Siemens,
en el 2007, que afectó a otros 313 empleados, y los centenares de expedientes
de regulación de empleo que se sucedieron en los años de la recesión. Eso por
no hablar de quienes se han quedado fuera del mercado laboral tras la
desaparición de las antiguas cajas. La CAI es un ejemplo. O de aquellas, como
Ibercaja, que han reducido drásticamente sus plantillas para mejorar sus ratios
de eficiencia y rentabilidad.
La nómina de cadáveres laborales es elevada y las historias
que hay detrás de ellas se han esfumado con las cartas de despido. Algunos se
recolocaron, otros consiguieron hacer sus pinitos y trampear una edad fatídica
y los menos decidieron montar su negocio.
En muchos de los casos, la única solución es emprender,
aunque los emprendedores viejóvenes apenas gozan de visibilidad. Un estudio
elaborado por la plataforma de la Fundación Endesa para la promoción de la
empleabilidad concluye que el 37% de las 7.500 personas inscritas en esta
plataforma tienen edades comprendidas entre los 50 y los 54 años, mientras que
en el bloque de 55 a 59 años hay otro 23% de los usuarios. La mayor parte de
estos son profesionales relacionados con el área comercial, ventas o marketing
o vinculados a perfiles económicos, financieros y contables.
La esperanza de vida sube, la hucha de las pensiones mengua
y la edad de jubilación se alarga. Entonces, ¿por qué el mercado laboral se
empeña en rechaza a los mayores de 50 años? Algo no cuadra.
Fuente: ElPeriodico RicardoBarceló
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