jueves, 21 de febrero de 2019

Codema45, en la Comisión de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias del Parlamento de Catalunya



El pasado 30 de enero Assat50 (Hospitalet), las asociaciones APMA (Asociación de parados Mayores Activos de Santa Coloma de Gramenet), Tacompanyem (Barcelona), de CODEMA45, expusieron  la situación del colectivo de personas desocupadas de más de 45 años, en la Comisión de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias del Parlamento de Cataluña de hoy.

En la Comisión estaban los diferentes grupos parlamentarios, excepto el PP, que escucharon las exposiciones de las tres asociaciones con interés, después los grupos intervinieron y hacer preguntas.

Se expuso la crisis económica del 2008 provoco  una gran destrucción de ocupación, que afecto de forma más intensa a las personas de mayores de 45 años. Según el VI Informe sobre personas mayores de 45 años en el mundo laboral, elaborado por Fundación Adecco, al 2007 había 422.000 personas de más de 45 años al paro, y el 2014 ya había 1.906.100; cerca del 40% del total del paro en España.  Otros informes como el del Consejo Económico y Social (CES) sobre la situación socio laboral de las personas de 45 a 64 años de edad, consideran que las políticas de ocupación "no cumplen de manera adecuada sus funciones", cosa que provoca esas  personas sufran más paro de larga duración. También el informe del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Cataluña (CTESC "La población de 45 a 64 años en situación de paro de larga duración”, y el del Síndic de Greuges de Catalunya Propuestas con relación al paro de los mayores de 45 años, de abril de 2016", hablan de la difícil situación del colectivo.


Después de presentar la situación se detallaron medidas para  mejorar la situación de unas personas con mucha experiencia y ganas de trabajar, sin embargo son vetadas por el mercado laboral:

Hacen falta planes de empleo específicos  para el colectivo de personas en paro mayores de 45, para ocupar los lugares vacantes.

- Es necesaria una protección a la vulnerabilidad social (subsidio por agotamiento de prestaciones, etc.) que le permita vivir a estas personas dignamente.

- Los programas de formación deber atender a las necesidades de las empresas, actualmente mucha de la formación no es efectiva para encontrar trabajo.  Hay que tener en cuenta la demanda del mercado laboral, por ejemplo las ofertas de trabajos para reparto, la formación  debería incluir la obtención del carné de conducir, etc.

- La gestión del factor edad debe ser abordada con un enfoque positivo e integral, hacen falta campañas en favor de la experiencia y el talento, así como ayudas y subvenciones a las empresas para la  contratación de estas personas.

- Los servicios públicos de empleo, tienen que mejorar la tarea de intermediación y cuadrar mejor la oferta y demanda. Además de ofrecer ayuda, para empoderar y orientar en la búsqueda de empleo teniendo en cuenta las características del colectivo.

- Hacen falta medidas que faciliten el auto-empleo teniendo en cuenta las características del colectivo.

- Es necesario prepararse para la 4ª Revolución Industrial, que ya está aquí, es necesario mirar hacia  modelos educativos, laborales y de organización de la Administración de países como Estonia, Finlandia, Canadá, Austria o Estados Unidos, etc.

- Se solicito asimismo la participación Codema45  en comisiones de empleo, foros de trabajo, etc.…  de administraciones públicas y privadas, para proponer ideas para la inserción laboral del colectivo, por la no discriminación laboral por edad al mundo laboral, para dar más visibilidad al colectivo, etc.


lunes, 21 de enero de 2019

Paro y persona mayor de 45 años: Cómo encontrar trabajo?


Aunque la experiencia es un grado, estar en el paro se convierte en una dificultad mayor si se superan los 45 años. De ello son conscientes las aproximadamente 100.000 personas en esta situación, según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, cifra que se mantiene muy por encima de la de otros intervalos de edad. En efecto, la inserción laboral de este colectivo plantea una paradoja no exenta de polémica: se buscan profesionales con experiencia y cualificación pero la edad sigue suponiendo un inconveniente para acceder al mercado de trabajo. Así, estudios recientes reflejan que un 40,6% del total del desempleo y más de un 80% de las personas en paro de larga duración tiene más de 45 años. Sin embargo, sólo un 30% de quienes superan esta edad consigue encontrar una ocupación. A continuación ofrecemos fórmulas para encontrar empleo en esta franja de edad.

Trabajo para mayores de 45 años

En medio de este escenario, la Fundación Adecco ha realizado el 1er Estudio de percepción laboral a paro y ocupación de mayores de 45 años, a partir de una encuesta realizada a este colectivo, para conocer sus inquietudes y preocupaciones y arrojar algo de luz al panorama de incertidumbre que muchos de ellos viven en la actualidad.

Mujer, sin formación universitaria y procedente del sector servicios

Un 60,3% de las personas encuestadas es del sexo femenino y más de la mitad cuenta con responsabilidades familiares. Además, un 34,3% de ellas tiene estudios secundarios, seguido de un 31,1% con estudios elementales, un 17,9% con Formación Profesional y un 17% con estudios universitarios. En cuanto al sector de procedencia, casi un 70% de las encuestadas trabajaba en el sector servicios.

Estos datos coinciden con el perfil de persona en paro mayor de 45 años que acude diariamente a las oficinas de la Fundación Adecco en busca de empleo. Según Almudena Martín, consultora de selección de la Fundación en Madrid: “Son muchas más las mujeres que los hombres que se acercan a buscar trabajo, normalmente de nacionalidad española. Algunas de ellas perdieron su empleo con la crisis económica. Otras, han realizado en los últimos años trabajos intermitentes en el sector servicios, pero hace tiempo que no conocen la estabilidad laboral“.

Aunque no existe un nicho laboral especialmente propenso a la contratación de este perfil profesional, la asistencia social está resultando ser un área proclive a su acogida: el cuidado a ancianos, niños y personas dependientes es un servicio muy demandado y que no requiere una elevada preparación, sino responsabilidad, fidelidad y madurez, cualidades a menudo inherentes a estas personas.

La necesidad de aprovechar cualquier oportunidad laboral

Las personas mayores de 45 años suelen quedarse sin trabajo después de largos periodos en la misma empresa, lo que provoca que se sientan desorientados a la hora de afrontar su nueva condición de personas desempleadas y desconozcan cómo gestionar con eficacia su reincorporación al mercado laboral.

Cuando se les pregunta el motivo por el que se hallan en paro, un 65,9% afirma haber perdido su empleo: despidos, EREs o finalización de contrato son algunos de los motivos. Por detrás, existe un 26,8% que busca trabajo por primera vez o tras periodos de inactividad, la mayoría mujeres a las que la crisis económica ha empujado a buscar una ocupación para ayudar en la economía doméstica. Por último, un 7,3% afirma estar en paro por haber renunciado voluntariamente a su trabajo anterior.

Para muchos, cada día sin empleo supone un importante lastre para cubrir sus necesidades económicas: de ahí que encontrar trabajo deje de ser una aspiración o deseo para convertirse en una imperante necesidad. Así, un 61,6% de los parados encuestados declara que la falta de ingresos se ha convertido en su principal preocupación. Por detrás de esta necesidad, los mayores apuntan otras razones que les generan intranquilidad: exclusión social (13,9%), demasiado tiempo libre (11%) o carencias de autoestima (5%) son algunas de ellas.

Todo esto les mueve a aprovechar cualquier oportunidad de trabajo que se presente: un 89,3% aceptaría un empleo de cualificación inferior a su formación, incluso si no estuviera relacionado con su sector de procedencia. Parece que ésta es una realidad generalizada, ya que no se aprecian diferencias significativas entre las respuestas de los que tienen estudios superiores y los que tienen una menor formación, superando en ambos casos el 85%. Las personas ocupadas mayores de 45 años comparten esta visión y se muestran cautelosas en sus respuestas: un 54,7% declaran que no intentaría cambiar de trabajo aunque no estuvieran satisfechas en el actual y un 81,3% afirma que si se quedara en el paro aceptaría un empleo de categoría inferior.

Tales circunstancias no son de extrañar si tenemos en cuenta que el 36,9% de las personas encuestados lleva más de un año en el paro y más de la mitad (53,7%) cuenta con cargas familiares o responsabilidades no compartidas. En el caso de los ocupados esta última cifra asciende a 64,1%.

Tras el 36,9% que lleva más de un año en paro, un 35,2% de los encuestados lleva de uno a 6 meses, seguido de un 23,3%, que lleva de 7 a 12 y un 4,5% que se encuentra en esta situación desde hace menos de un mes.

La edad por encima de 45 años, una dificultad añadida

Pese a los primeros síntomas de debilitamiento de la crisis, la confianza laboral de las personas en paro y ocupadas mayores de 45 años sigue sin gozar de buena salud: un 37,6% opina que tardará más de un año en encontrar trabajo, seguido de un 36,5% que opina que transcurrirán de 1 a 6 meses. Un 22,4% que opina que le llevará de 7 a 12 y tan sólo un 3,5% confía en que tardará menos de 1 mes.

Por su parte, quienes tienen empleo se muestran algo más optimistas: un 55,6% afirma sentirse con seguridad en su puesto de trabajo y no tener temor a perderlo, frente a un 44,4% que cree que podría quedarse sin ocupación en cualquier momento.

Todos ellos coinciden en que la edad les convierte en víctimas dobles de la difícil coyuntura económica: un 84,6% de los demandantes de empleo considera que su edad es el principal obstáculo para acceder al mercado laboral, frente al 15,4% que opina que la crisis afecta a todos por igual. De los que tienen empleo y temen perderlo, un 69% afirma que su edad puede ser el principal problema para conservarlo.

La ambivalencia de sobrepasar los 45 años

Las personas mayores de 45 años cuentan con cualidades intrínsecas muy valoradas por los Departamentos de Recursos Humanos: experiencia, madurez, fidelidad y control emocional son algunas de ellas.

Sin embargo y a pesar de estos valores añadidos, ¿por qué encuentran tantas dificultades para acceder al mercado laboral? La falta de concienciación social y cuestiones de índole económico, son algunas de las razones que pueden responder a esta pregunta.

Según Almudena Martín: “En muchas ocasiones, las empresas se vuelven recelosas a la hora de contratar a mayores de 45 años, ya que presuponen que tienen un coste más alto y exigen un tipo de contratación estable. Por el contrario, piensan o tienen la creencia errónea de que los jóvenes aceptarán  contratos más precarios, trabajando más horas y peor remuneradas”.

No obstante, muchas veces son las carencias formativas las que juegan en su contra, cuestión que les imposibilita competir en un mercado de crisis como el actual. De ello son conscientes la mayoría de las personas encuestados, y por ello, un 61,5% asegura estar invirtiendo tiempo en su formación, frente a un 38,5% que no lo considera necesario.




Recomendaciones mayores de 45 para encontrar trabajo

Si bien no existen fórmulas mágicas para la inserción de los mayores en el mercado laboral, desde la Fundación Adecco se recomienda seguir una serie de pautas para digerir mejor los periodos de desempleo. En primer lugar, el currículum es nuestra carta de presentación y en el caso de los mayores de 45 años se aconseja:
- Redactar la formación y experiencia laboral en orden cronológico inverso. De este modo, el entrevistador percibe primero los trabajos más recientes, que son los que más se tienen en cuenta e interesan en un proceso de selección.  

- Destacar la experiencia profesional y los cursos más actuales al principio del currículum.
 
- Evitar textos demasiado extensos e intentar ser breves y concisos. Debido a que a edades avanzadas, los parados suelen contar con una trayectoria profesional muy extensa, han de sintetizar y escoger sus experiencias más significativas y cualificadas.

También es importante no descuidar el aspecto formativo: el reciclaje profesional puede ser una nueva motivación para sobrellevar la situación de desempleo. Desde la Fundación Adecco se aconseja aprovechar el tiempo sin trabajo para realizar cursos de formación orientados a aquellas áreas que son más solicitadas y que requieren mayor actualización. Los cursos más representativos en este sentido son los relacionados con la informática, las nuevas tecnologías y las técnicas de márketing y ventas.

El objetivo último es equiparar a los mayores de 45 años con aquellos más jóvenes en materia de formación, y de esta forma conseguir que la mayor experiencia de los primeros se convierta en un valor añadido.

Sin embargo, son las empresas quienes en última instancia deben decidir si quieren contar en su plantilla con personas mayores de 45 años. Actualmente existen bonificaciones e incentivos de los que pueden beneficiarse si contratan a personas en esta situación. De la totalidad de las personas encuestados, un 69,3% conoce estos incentivos legales, pero sólo un 21% de éstos las expone en las entrevistas de trabajo, frente al 79% que no lo considera útil.

Finalmente, cuando se les pregunta a las personas en mayores de 45 años si creen que en las empresas existe conciencia sobre el envejecimiento de la población, y la necesidad de contratar a mayores de 45 años, un 87,4% de los parados responde negativamente a esta cuestión. Esta cifra desciende a 67,2% en el caso de los que tienen empleo.

Según un de encuestado, madrileño, de 58 años, con trabajo y estudios universitarios: “Las empresas deben entender que una sociedad no puede apoyar su futuro en las espaldas de las generaciones menores a los 45 años. Es un modelo social insostenible y condenado al fracaso”.

Oferta de empleo: abstenerse mayores de 45

Aunque nadie de atreve a incluir esta frase en las ofertas de empleo, es una realidad que sufre el colectivo en paro mayor de 45 años, que supone en Europa mas del 51% de tasa de paro, algo más en España. Sin embargo, las personas mayores de 45 años son un colectivo con capacidad para aportar al mundo del trabajo un importante bagaje de experiencia y productividad, dos factores claves en el desarrollo de las economías y de las empresas. La experiencia no es “repetir” siempre las mismas cosas, sino una forma de conocimiento que permite optimizar las actuaciones, y evitar errores ya conocidos en situaciones similares, según analiza en este artículo de opinión el promotor del portal Empleo Senior, Luis Capella.

Por otra parte, la productividad supone que, utilizando adecuadamente los recursos, se logra una mayor rentabilidad/efectividad. Lo curioso es que todos los analistas diagnostican que el mayor problema de la economía es la baja productividad.

Entonces, la “pregunta del millón” es: ¿porqué no se PERMITE trabajar a las personas mayores de 45 años? Es evidente que la respuesta la deben dar la empresas que son las responsables de esta injusta actuación. Sin embargo, se pueden analizar algunas posibles causas:
- Falta de concienciación social. Ni empresarios, ni sindicatos ni poderes públicos demuestran preocupación REAL por este colectivo, ni se apoya su empleo con acciones efectivas.

- “Mileurismo” en mano de obra joven. La supuesta labor de inserción laboral de jóvenes, desplaza a los mayores, quizás por que sean menos fáciles de “domesticar” en empleos precarios y mal retribuidos.

- Hay empresas que piensan que la persona mayor tiene un coste alto y un riesgo de que exija un tipo de contratación fija. 

“Cortoplacismo agudo” Con este término se quiere referir a esos gestores que viven preocupados por el corto plazo (fin de año) y no piensan en términos de mas de un año. Es decir, no se considera la productividad.

- También con visión “cortoplacista” no se tiene en cuenta el aporte que supone este colectivo a la Seguridad Social, cuya viabilidad podría reforzarse con este colectivo.

- Falta de capacidad de innovación e imaginación. Por ejemplo, la posibilidad de colaborar con empresas a tiempo parcial, con remuneraciones especiales, dentro del marco legal en vigor. Otro ejemplo: Las Pymes NECESITAN el aporte de experiencia y calidad que puede ofrecer un colectivo ACTUALMENTE EN PARO, a costes adaptados a sus posibilidades. O dicho en términos sajones, incorporar un sistema de “Interim Management”.

- Sistemas de subvenciones públicas poco interesantes para los empresarios. Primar el empleo de este colectivo con los incentivos actuales, se ha demostrado de baja eficacia para los empleadores.

Nuestro modelo económico, que permite prejubilaciones de escándalo (de hasta a personas de 48 años) debe replantearse la incorporación de este colectivo al mundo laboral. Y, además, cuando se plantean en Europa dos brutales paradojas: ampliar la edad de jubilación y la duración de la jornada laboral por encima de las 40 horas, teniendo miles de mujeres y hombres perfectamente preparados para cubrir todo tipo de puestos de trabajo.

Para terminar, una pregunta y un recuerdo de la Constitución: -la pregunta: ¿Quién prefiere que le opere, un experto neurocirujano de 50 años o un recién titulado en Medicina?

Fuente:CasaCocheCurro
viernes, 21 de diciembre de 2018

El mercado laboral se empeña en rechazar a las personas mayores de 50 años




Ser mayor de 50 años es sinónimo de riesgo. Las personas que superan esa barrera se encuentran, posiblemente, en uno de los mejores momentos de su vida, pero las circunstancias no acompañan en una sociedad cada vez más frenética y desquiciada. Todo el mundo dice que los 50 son los nuevos 40, pero eso es solo en la teoría. Que sí, que a esta edad muchos están hechos un pincel, hacen deporte de forma habitual, gozan de una buena salud, acumulan experiencia y madurez y tienen el don de saber estar y cintura para sortear las dificultades. Pero ¿qué pasa cuando una persona que se encamina hacia los 60 intenta encontrar un trabajo? La respuesta es sencilla: portazo.

En España, el 70% de los parados que llevan más de cuatro años buscando empleo son mayores de 50 años. Lo dicen los datos del Servicio Público de Empleo (SEPE). En Aragón, de las 22.491 personas que suman más de un año en el desempleo, 12.968 tienen entre 50 y 64 años. Y en esta radiografía, como viene siendo habitual, las mujeres son las peor paradas, con 8.200 aragonesas instaladas en el paro de larga duración. Con estos datos no es descabellado concluir que el mercado de trabajo es en estos momentos una de las caras más visibles de la discriminación social.

Los mensajes en redes sociales como Linkedin se llenan, cada vez más, de perfiles de gente que a los 50 o 55 años se quedan en la calle. Se trata, por lo general, de personas con cierta formación, pero también hay mucho sobrecualificado. Y ese es otro gran problema. Si has trabajado en la construcción o en la hostelería y te quedas sin trabajo a una edad avanzada tienes muchos boletos para ser carne de parado de larga duración. Si, por el contrario, cuentas con una carrera afianzada, experiencia y ciertas destrezas y aptitudes para seguir desempeñando tu trabajo, nadie quiere saber nada de ti, no vaya a ser cosa que te tengan que pagar un sueldo acorde a tus conocimientos. Es, en resumen, la dictadura de la edad.

¿Alguien conoce algún premio destinado a reconocer a emprendedores maduros? Si existe, se podría importar a Aragón, porque en la comunidad hay muchos ejemplos de personas entradas en años que tienen mucho que enseñar, por ejemplo, a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Se trata de aprovechar el capital humano, de darle otra dimensión y, de paso, generar sinergias positivas para las empresas y la sociedad.
 En los últimos años, hay miles de personas en Aragón de más de 45 ó 50 años, cuyas vidas laborales se vieron amputadas por la crisis. Me vienen a la cabeza episodios como el cierre de Hispano Carrocera en el 2013, que dejó en la calle a casi 300 trabajadores; el final de la planta de Siemens, en el 2007, que afectó a otros 313 empleados, y los centenares de expedientes de regulación de empleo que se sucedieron en los años de la recesión. Eso por no hablar de quienes se han quedado fuera del mercado laboral tras la desaparición de las antiguas cajas. La CAI es un ejemplo. O de aquellas, como Ibercaja, que han reducido drásticamente sus plantillas para mejorar sus ratios de eficiencia y rentabilidad.

La nómina de cadáveres laborales es elevada y las historias que hay detrás de ellas se han esfumado con las cartas de despido. Algunos se recolocaron, otros consiguieron hacer sus pinitos y trampear una edad fatídica y los menos decidieron montar su negocio.
En muchos de los casos, la única solución es emprender, aunque los emprendedores viejóvenes apenas gozan de visibilidad. Un estudio elaborado por la plataforma de la Fundación Endesa para la promoción de la empleabilidad concluye que el 37% de las 7.500 personas inscritas en esta plataforma tienen edades comprendidas entre los 50 y los 54 años, mientras que en el bloque de 55 a 59 años hay otro 23% de los usuarios. La mayor parte de estos son profesionales relacionados con el área comercial, ventas o marketing o vinculados a perfiles económicos, financieros y contables.

La esperanza de vida sube, la hucha de las pensiones mengua y la edad de jubilación se alarga. Entonces, ¿por qué el mercado laboral se empeña en rechaza a los mayores de 50 años? Algo no cuadra.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Informe de FEDEA sobre el paro de larga duración




En el pasado mes de febrero, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), publico un estudio sobre el paro de larga duración, en el que se constatan que cuatro de cada diez personas en paro seguirán estándolo en los doce meses siguientes y solo una quinta de estas personas encuentra empleo el segundo año, por otro lado según el estudio la posibilidad de ser persona desempleada de larga duración crece a partir de los 45 años. Actualmente, el paro de larga duración es un serio problema en muchos paíseseuropeos, pero España está entre los que lo sufren con mayor intensidad (Bentolila y Jansen, 2017) 

Los autores del estudio son el economista Samuel Bentolila, de la Fundación Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), el profesor de la Universidad Pablo Olavide Ignacio García-Pérez y el de la Universidad Autónoma de Madrid Marcel Jansen. El trabajo pone en el centro del problema del empleo el paro de larga duración: en estos momentos hay 1,9 desempleados que llevan más de un año en búsqueda activa de empleo, prácticamente la mitad de los 3,7 millones de desempleados que aún ven de lejos la recuperación económica.

Tras la Gran Recesión, el paro de larga duración ha alcanzado niveles sin precedentes en España. En el peor momento de la crisis, el 16% de la población activa y casi dos de cada tres parados llevaban más de un año buscando trabajo. Desde entonces, la situación económica ha mejorado considerablemente, pero de los 3,7 millones de parados actuales, 1,9 millones son parados de larga duración (PLD), es decir con más de un año de paro, lo que representa el 51% del total, mientras que la proporción de parados de muy larga duración (PMLD), es decir con más de dos años de paro, es del 37%. Transcurridos ya cuatro años de recuperación económica, estas cifras revelan un problema de gran magnitud.

Entre los 1,9 millones de personas desempleadas de larga duración, unos 636.500 tienen entre 45 y 59 años (más del 60% del total de estas edades), un colectivo para el que entrar en el paro supone un alto riesgo de no poder volver nunca al empleo. El estudio de Fedea así lo indica: más del 40% en esas franjas de edad seguirá en paro dentro de 12 meses, frente a los porcentajes inferiores al 30% para edades inferiores, y, si sobrepasan ese umbral, la probabilidad de seguir en el desempleo a los 24 meses se eleva al 80%.

Como primera conclusión, cabe señalar, por tanto, que la edad puede ser un factor que dificulte la contratación de los trabajadores mayores. Una de las razones puede ser que la inversión en formación tiende a reducirse con la edad, ya sea porque le quedan menos años hasta la jubilación o por un por un posible deterioro cognitivo.

Además, Fedea argumenta que la incorporación de mayores “puede plantear retos para la gestión de recursos humanos, especialmente si sus superiores son más jóvenes”.



martes, 20 de noviembre de 2018

La precariedad no es “cool”. La pobreza no es “trendy”, por Carmen Alemany Panadero


En los últimos años vengo observando un cambio en el discurso sobre el empleo. El cambio está en los medios de comunicación, en diversos blogs, en las redes sociales y en la calle, y parece traer consigo una nueva forma de entender el trabajo y las relaciones laborales. Según esta innovadora tendencia, los trabajadores ya no son precarios: ahora son flexibles, aventureros, se adaptan a su entorno y son creativos. Tener un empleador estable resulta obsoleto y aburrido: ahora los profesionales son freelance. Cada día trabajan en un proyecto diferente, adaptándose alegremente al cambio. Eso permite tener una carrera profesional variada, interesante, y poner en práctica todas sus habilidades, según dicen.

Un trabajo con contrato y con derechos laborales es cosa del pasado. “Los jóvenes millenials ya no quieren eso, repiten en los medios numerosos analistas económicos. “Este el trabajo del futuro”, dicen. En el futuro, los trabajadores serán flexibles y adaptables, trabajarán cada día para un empleador diferente, realizarán largas jornadas por bajos salarios, pero la empresa tendrá sillones para relajarse, mesa de ping-pong, buen talante, y decoración de vanguardia. A eso se le llamará “salario emocional”.

Los espacios de coworking han proliferado en las grandes ciudades. La mayoría de sus usuarios son autónomos, emprendedores que muchas veces no lo son por vocación sino por necesidad. Sin pretender desmerecer las conexiones personales que se puedan generar en estos espacios, llama la atención su aire cool, moderno y juvenil, en contraste con la precaria situación laboral de muchos de sus ocupantes. Una encuesta del INE (2017) recoge las principales preocupaciones de los autónomos en España: dificultades de financiación, falta de clientes en algunas épocas, falta de ingresos en caso de enfermedad, períodos de precariedad financiera, impagos de los clientes o retrasos en los pagos. Ser autónomo no es un camino de rosas. Incluso en los períodos de falta de ingresos tienen que seguir abonando la cuota de autónomos, el despacho o local de coworking y todos sus gastos. Sin embargo, el aura de modernidad y glamour de estos locales, no siempre permite ver esta realidad. La mayoría de las webs de los espacios de coworking hacen referencia a “trabajadores nómadas” (un neologismo cool para definir a trabajadores en situación precaria, que van de un proyecto a otro), “oficinas de diseño a precios asequibles” (compartir gastos para sobrevivir mes a mes), “innovación” o “creatividad” (busca soluciones debajo de las piedras para buscarte la vida y no tener que cerrar el negocio), “ambiente moderno y desenfadado” (dando importancia a lo accesorio sobre lo esencial). 

Esto no quiere decir que no tenga ventajas compartir los espacios, por supuesto que las tiene. Es obvio que al compartir oficina se reducen los gastos, disminuye el aislamiento y pueden (aunque no siempre) crearse conexiones interesantes entre personas. Pero eso no nos debe hacer perder de vista las condiciones de trabajo de muchos de sus usuarios.
Algunos emprendedores han dado un paso más, creando espacios de co-living. Esto viene a ser como un piso compartido, habitado por emprendedores que viven y trabajan en el mismo espacio y comparten gastos. Este artículo de El Mundo lo define como un “concepto rompedor”, aunque no es muy diferente de lo que hacíamos muchos jóvenes hace unos años, compartir piso con otros jóvenes por no poder afrontar los gastos de una vivienda en solitario ni cubrir los gastos básicos. Aunque la idea de co-living parece rodeada de un aura juvenil y cool, encubre situaciones de pobreza, salarios bajos que no logran cubrir los gastos, dificultades para acceder a la vivienda, precariedad laboral, falta de derechos laborales, e incapacidad de independizarse sin compartir vivienda.

Entre las nuevas tendencias, se encuentra el job-sharing, esto es, el trabajador comparte su puesto de trabajo con otra persona, y también el salario. Para la empresa, es obtener dos empleados por el precio de uno. Para el trabajador, únicamente permite recibir parte de su salario, lo cual le obliga a “ser flexible” y “ser un nómada” con varios trabajos a tiempo parcial, trabajando de forma precaria y parcheada. Algunos llamarán a esto una portfolio career. Para poder sobrevivir con esos salarios, algunos ya practican el nesting (del inglés “nest”, nido), que significa quedarse todo el fin de semana en casa, pues resulta más económico que acudir a actividades de ocio, y el wardrobing, que consiste en compartir ropa. La vivienda puede ser compartida en co-living o puede tratarse de un “pisito chic” de 30 metros, con un aprovechamiento milimétrico del espacio. Sin embargo, vivir hacinados en espacios extremadamente pequeños, o compartir piso durante años (y no solo mientras se es joven), lejos de ser glamuroso, genera estrés.

Algunas empresas han popularizado el concepto de “salario emocional”. Consiste en la idea de que la nómina no lo es todo en un trabajo, y que hay algunos aspectos más allá del económico que pueden hacer que el empleado trabaje feliz y retener talento. Algunas conocidas empresas tecnológicas han instalado hamacas, sofás, mesas de billar y futbolín, golosinas y comida gourmet, gimnasio, mobiliario a la última y cultivan un ambiente alegre y desenfadado. Lo cual estaría bien si no fuera porque a cambio, trabajan de sol a sol y sin horario, no salen de la oficina hasta altas horas de la noche, incluso en fines de semana, y no tienen apenas tiempo libre. Además, en estas empresas quejarse es impopular, al disfrutar de tantos servicios y privilegios. Es cierto que hay factores que pueden hacer que las personas trabajen más a gusto… pero esto no debe ser moneda de cambio para eliminar los derechos laborales, un horario racional y un salario digno. El “salario emocional” no puede utilizarse como estrategia para tener esclavos agradecidos.

La “economía colaborativa” surgió en 2010, basada en una serie de ideas y principios: servicios económicos para el usuario, colaboración mutua, empoderamiento de los ciudadanos, compartir bienes o propiedades infrautilizadas, desaparición de intermediarios… En los últimos años, han surgido numerosas plataformas como Glovo, Deliveroo o Uber, en las que la supuesta libertad en el trabajo y flexibilidad de horarios ocultan otra cara menos amable: la precariedad extrema y la pobreza de sus trabajadores. Con el tiempo, esta “economía colaborativa” ha ido recibiendo nombres menos inspiradores, como capitalismo de plataformas (Srnicek, 2018) o Gig economy. El pasado verano nos encontramos con esta noticia en El Confidencial, sobre un joven repartidor de Glovo que dormía todas las noches al raso. Su exiguo sueldo no le permitía dormir bajo techo. Los repartidores apenas cobran tres euros por pedido entregado, tienen que pagar ellos mismos 2 euros quincenales para utilizar la app y poder hacer su trabajo, no cuentan con seguro de accidentes, no disponen de derechos laborales básicos, como bajas laborales o vacaciones pagadas, y deben pagar su propia seguridad social. Varias sentencias judiciales han condenado a empresas como Glovo y Deliveroo por considerar que estos trabajadores no cumplen los requisitos para ser considerados autónomos, y que encubren de forma fraudulenta puestos de trabajo por cuenta ajena. Sin embargo, también se han emitido sentencias judiciales a favor de estas empresas, ya que la legislación actual no fue pensada para este tipo de empleos y existe un vacío legal. Actualmente el Parlamento Europeo está estudiando la posible regulación de estas plataformas para evitar la explotación laboral y los abusos.

Por su parte, un grupo de trabajadores de estas empresas han constituido la Plataforma RidersxDerechos, a través de la cual denuncian su situación, la pobreza, la precariedad, y su condición de falsos autónomos. Además, estos trabajadores han creado la cooperativa Mensakas, para continuar trabajando como repartidores de comida, pero esta vez en condiciones dignas y promoviendo el trabajo ético.

No pretendo decir que la innovación o el diseño de nuevas fórmulas para el empleo sea necesariamente algo negativo. Innovar está bien, crear nuevas fórmulas está bien, crear espacios de trabajo acogedores o modernos está muy bien. Pero es preciso actuar con prudencia para no perder derechos sociales y laborales. El “salario emocional” puede ser un valor añadido, pero no debe sustituir a los derechos laborales. Compartir piso puede ser una solución temporal, pero no puede sustituir a una política de vivienda que proteja los derechos de las personas. Emprender puede ser una buena solución para aquellas personas que tienen vocación de emprendedores y capacidad para ello, pero no como solución para todo el mundo, y desde luego, no como sustituto de las políticas públicas de fomento del empleo.

El lenguaje tiene el poder de dar forma a nuestra percepción de la realidad. Co-living, coworking, portfolio career, economía colaborativa… todos esos neologismos de resonancias innovadoras y transformadoras esconden algo más. Las sociedades evolucionan e innovar es necesario, pero siempre con unas políticas públicas que protejan los derechos de las personas. Porque de lo contrario, nos podemos encontrar con que evolucionemos en materia tecnológica y en la creación y diseño de nuevas fórmulas, pero a costa de regresar al medievo en derechos sociales y laborales.

martes, 18 de septiembre de 2018

El paro de larga duración es cronico


La salida de la crisis económica ha dejado un gran agujero de personas paradas de larga duración con unas expectativas de empleo prácticamente nulas y sin apenas protección social.

Concretamente, el 36,5% de los 3,4 millones de personas en paro lleva más de dos años sin trabajo y no cobra prestación por desempleo. La huella del desempleo juvenil ha pisado fuerte durante estos años pero el paro de larga duración (entre uno y dos años) ha ido creciendo de forma silenciosa en España desde que estalló la crisis en el 2008 y, aunque la tendencia se ha ralentizado desde el 2014, este todavía afecta a 1,7 millones de personas, de las cuales 1,2 millones llevan más de dos años en esta situación.

De este modo, el mercado laboral del país se encuentra lejos de recuperar las cifras de desempleo relativas al segundo trimestre del 2008, cuando solo el 25,9% de las personas en paro era de larga duración, frente al 52% actual; el 12% llevaba entre uno y dos años en el paro (frente al 15,5% de hoy); y el 13,9% llevaba más de dos años sin trabajo (frente al 26,5% actual). Así lo ponen de manifiesto los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que recoge el estudio 'Paro de larga duración: edad y género' presentado este lunes por la Unión Sindical Obrera (USO), que reclama al Gobierno “formación y políticas activas de empleo” para acabar con esta lacra.

Es paro de las personas mayores de 45 años, se ha vuelto cronico. Se trata de una pandemia que se ceba especialmente con ellas. Son el 38,6% del total del paro de larga duración, concretamente 687.600 de los 1,7 millones totales, la mayoría son cabezas de familia, que han entrado en una situación desesperada: llegan al desempleo en muchas ocasiones poco actualizados de las demandas actuales de la empresas, y les cuesta mucho tiempo volver a trabajar, por lo que pasan largo tiempo en paro. El fenómeno se ha agravado, en esta década de crisis que ha coincidido con un “proceso de digitalización de los empleos que ha dejado apartados de los procesos de selección a muchos trabajadores sin cualificaciones técnicas”, detalló ayer la secretaria de Comunicación y Estudios Sindicales de USO, Laura Estévez. Por ello, el sindicato reclama un plan eficiente de formación impulsado directamente desde el Estado que permita una "transición justa" a la digitalización de estas generaciones, "que se están quedando descolgadas".

La brecha de género tampoco se escapa al paro de larga de duración. España cuenta con 663.800 desempleadas que llevan más de dos años sin trabajo frente a 610.900 hombres; y 281.300 mujeres frente a 224.200 varones que llevan entre uno y dos años en el paro, una problemática especialmente preocupante en la horquilla de los 45 a 55 años y que supone estar expuesto en gran medida al riesgo de pobreza.

Por otro lado el empleo que se crea es precario, según el citado estudio de USO. En la última década, la ocupación a tiempo completo ha disminuido en 1.770.900 trabajadores, mientras que la que se realiza a tiempo parcial se ha incrementado en 468.000. Las mujeres son las principales de la parcialidad, triplicando a los hombres (2,1 millones de féminas frente a 740.100 varones), una circunstancia que pone de manifiesto la necesidad de impulsar “verdaderas políticas de conciliación familiar”, señaló el director del Gabinete de Estudios de USO, José Luis Fernández Santillana.

Además, los servicios representan el 75,39% del total de la ocupación, lo que demuestra una “excesiva dependencia de este ámbito productivo” que cuenta con los salarios más bajos y la mayor cantidad de contratos temporales de la totalidad de sectores. Para paliar esta problemática, Fernández expresó la necesidad de “ligar la contratación al principio de causalidad”, es decir, fijar como ordinario el contrato indefinido salvo una causa que justifique la temporalidad del mismo.

Fuente; ElPeriodico

jueves, 16 de agosto de 2018

Precariedad y trabajadores pobres


España es el país europeo de la OCDE con más trabajadores pobres. Un 14,8% de los trabajadores españoles no pueden sobrevivir con su salario mensual.

La OCDE entiende como trabajadores pobres la masa laboral que percibe menos del 50% del salario medio del país. España se sitúa en la peor posición de todos los países de la UE, y sólo empeoran las cifras españolas cinco estados extracomunitarios: China, India, Costa Rica, Brasil, Turquía y México.
Tras los años de la crisis y en un contexto de supuesta recuperación económica, el empleo no ha vuelto a ser como el que conocíamos. La precariedad laboral se ha extendido y normalizado. Estamos ante un nuevo paradigma del mercado laboral. El aumento de la tasa de empleo no resuelve el problema de la precariedad y la pobreza de muchos trabajadores. La precarización es ahora la norma.

Los colectivos más vulnerables se ven especialmente afectados. Jóvenes, mujeres, migrantes extracomunitarios, mayores de 45 años y personas con discapacidad se encuentran especialmente expuestos a la precariedad y a la pobreza pese a contar con un salario. El problema aumenta cuando se dan varios de estos factores en una misma persona (mujer, migrante, racializada, con discapacidad, con baja cualificación educativa y laboral, etc). En este caso el riesgo de pobreza se multiplica.

Tradicionalmente el empleo aportaba seguridad económica, dignidad, bienestar, derechos sociales y laborales, cotización a la Seguridad Social, consideración social e incluso la identificación de la propia persona con su profesión como seña de identidad (“soy médico”, la profesión como parte de la identidad personal). El modelo laboral ha cambiado pero la sociedad no lo ha hecho al mismo ritmo. Nos encontramos ante grandes masas de ciudadanos en situación precaria, que concatenan contratos de unos días e incluso de pocas horas, que trabajan en negro sin contrato ni seguridad social, y que pese a trabajar no logran alcanzar la cifra de 684 euros que el informe AROPE establece como umbral de la pobreza. Muchos de ellos tienen cargas familiares, lo cual condena a la familia al completo a la pobreza.



La precariedad tiene muchos efectos indeseados, que van mucho más allá de los ingresos económicos. La pérdida de seguridad económica y de bienestar, la pérdida de las cotizaciones a la Seguridad Social, la reducción en las cuantías de las pensiones de jubilación, la pobreza de los futuros mayores jubilados, aumento de los problemas de salud (por estrés, por cambios de turno, por asumir tareas de riesgo por necesidad, por la pérdida de bienestar y dignidad en el empleo).

No se trata de un problema individual, que afecte únicamente a los individuos con empleo precario y que únicamente nos tenga que preocupar por razones humanitarias. Se trata de un problema social y económico con consecuencias a todos los niveles y para toda la sociedad: menos cotizaciones a la Seguridad Social, un inferior sostén económico para los pensionistas actuales y futuros (al haber menos cotizantes), menos aportaciones económicas de estos trabajadores en concepto de IRPF para sostener el gasto público, reducción de los ingresos estatales, disminución de la demanda y del consumo de bienes y servicios, potencial cierre de empresas por la disminución de la demanda, empobrecimiento general de la sociedad. No se trata únicamente de una cuestión humanitaria, aunque sin duda tiene elementos para ser considerada un drama humanitario para muchas familias. Pero va mucho más allá de eso, tratándose de un problema social que puede lastrar el desarrollo de nuestras sociedades durante décadas.

A todo lo anterior hay que añadir los efectos de la transformación digital. La irrupción de las nuevas tecnologías digitales, la robotización y la inteligencia artificial en el mercado de trabajo está generando importantes transformaciones, que pueden dejar excluido a un importante sector de la fuerza de trabajo. Todos aquellos trabajadores que no puedan adaptarse a los nuevos requerimientos corren el riesgo de verse excluidos del mercado laboral, con lo que ello implica a todos los niveles (pobreza, aumento de la carga para las arcas públicas por el pago de prestaciones por desempleo, reducción de los ingresos públicos por cotizaciones e IRPF). Debido a las rápidas transformaciones que estamos viviendo, las sociedades actuales corren el riesgo de verse azotadas por la pobreza y la exclusión social y laboral en pocos años.

La globalización y el neoliberalismo han conseguido acabar con al autonomía de los Estados para legislar en función de sus verdaderas necesidades y de llevar a cabo una auténtica política social. Es necesario plantear medidas correctoras que permitan la supervivencia y la dignidad de las personas y la viabilidad económica de los Estados. Un Estado sin trabajadores no es viable, ya que pierde buena parte de sus ingresos. Es un problema humanitario y de dignidad humana, pero también es un problema de viabilidad económica que es necesario abordar. El neoliberalismo a la larga genera Estados repletos de masas empobrecidas, sin servicios públicos e inviables.

Fuente:Medium. Carmen Alemany Panadero.Precariado y trabajadores pobres

Quienes somos:

CODEMA 45 somos colectivo de asociaciones de personas desempleadas Mayores de 45 años, a nivel nacional, que tiene como fines: Aglutinar las asociaciones de parados mayores de 45 años, para una mejor defensa de los intereses de este colectivo. Representar ante los poderes públicos las asociaciones integradas. Canalizar las reivindicaciones y propuestas concretas de CODEMA45 Contacto: Teléfono presidencia. 619 242 071 Donde estamos: C/Biscaia, 402- local, Barcelona, metro linea 1, parada Navas Email: codema45@gmail.com

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