viernes, 21 de diciembre de 2018

El mercado laboral se empeña en rechazar a las personas mayores de 50 años




Ser mayor de 50 años es sinónimo de riesgo. Las personas que superan esa barrera se encuentran, posiblemente, en uno de los mejores momentos de su vida, pero las circunstancias no acompañan en una sociedad cada vez más frenética y desquiciada. Todo el mundo dice que los 50 son los nuevos 40, pero eso es solo en la teoría. Que sí, que a esta edad muchos están hechos un pincel, hacen deporte de forma habitual, gozan de una buena salud, acumulan experiencia y madurez y tienen el don de saber estar y cintura para sortear las dificultades. Pero ¿qué pasa cuando una persona que se encamina hacia los 60 intenta encontrar un trabajo? La respuesta es sencilla: portazo.

En España, el 70% de los parados que llevan más de cuatro años buscando empleo son mayores de 50 años. Lo dicen los datos del Servicio Público de Empleo (SEPE). En Aragón, de las 22.491 personas que suman más de un año en el desempleo, 12.968 tienen entre 50 y 64 años. Y en esta radiografía, como viene siendo habitual, las mujeres son las peor paradas, con 8.200 aragonesas instaladas en el paro de larga duración. Con estos datos no es descabellado concluir que el mercado de trabajo es en estos momentos una de las caras más visibles de la discriminación social.

Los mensajes en redes sociales como Linkedin se llenan, cada vez más, de perfiles de gente que a los 50 o 55 años se quedan en la calle. Se trata, por lo general, de personas con cierta formación, pero también hay mucho sobrecualificado. Y ese es otro gran problema. Si has trabajado en la construcción o en la hostelería y te quedas sin trabajo a una edad avanzada tienes muchos boletos para ser carne de parado de larga duración. Si, por el contrario, cuentas con una carrera afianzada, experiencia y ciertas destrezas y aptitudes para seguir desempeñando tu trabajo, nadie quiere saber nada de ti, no vaya a ser cosa que te tengan que pagar un sueldo acorde a tus conocimientos. Es, en resumen, la dictadura de la edad.

¿Alguien conoce algún premio destinado a reconocer a emprendedores maduros? Si existe, se podría importar a Aragón, porque en la comunidad hay muchos ejemplos de personas entradas en años que tienen mucho que enseñar, por ejemplo, a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Se trata de aprovechar el capital humano, de darle otra dimensión y, de paso, generar sinergias positivas para las empresas y la sociedad.
 En los últimos años, hay miles de personas en Aragón de más de 45 ó 50 años, cuyas vidas laborales se vieron amputadas por la crisis. Me vienen a la cabeza episodios como el cierre de Hispano Carrocera en el 2013, que dejó en la calle a casi 300 trabajadores; el final de la planta de Siemens, en el 2007, que afectó a otros 313 empleados, y los centenares de expedientes de regulación de empleo que se sucedieron en los años de la recesión. Eso por no hablar de quienes se han quedado fuera del mercado laboral tras la desaparición de las antiguas cajas. La CAI es un ejemplo. O de aquellas, como Ibercaja, que han reducido drásticamente sus plantillas para mejorar sus ratios de eficiencia y rentabilidad.

La nómina de cadáveres laborales es elevada y las historias que hay detrás de ellas se han esfumado con las cartas de despido. Algunos se recolocaron, otros consiguieron hacer sus pinitos y trampear una edad fatídica y los menos decidieron montar su negocio.
En muchos de los casos, la única solución es emprender, aunque los emprendedores viejóvenes apenas gozan de visibilidad. Un estudio elaborado por la plataforma de la Fundación Endesa para la promoción de la empleabilidad concluye que el 37% de las 7.500 personas inscritas en esta plataforma tienen edades comprendidas entre los 50 y los 54 años, mientras que en el bloque de 55 a 59 años hay otro 23% de los usuarios. La mayor parte de estos son profesionales relacionados con el área comercial, ventas o marketing o vinculados a perfiles económicos, financieros y contables.

La esperanza de vida sube, la hucha de las pensiones mengua y la edad de jubilación se alarga. Entonces, ¿por qué el mercado laboral se empeña en rechaza a los mayores de 50 años? Algo no cuadra.

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