viernes, 21 de diciembre de 2018

El mercado laboral se empeña en rechazar a las personas mayores de 50 años




Ser mayor de 50 años es sinónimo de riesgo. Las personas que superan esa barrera se encuentran, posiblemente, en uno de los mejores momentos de su vida, pero las circunstancias no acompañan en una sociedad cada vez más frenética y desquiciada. Todo el mundo dice que los 50 son los nuevos 40, pero eso es solo en la teoría. Que sí, que a esta edad muchos están hechos un pincel, hacen deporte de forma habitual, gozan de una buena salud, acumulan experiencia y madurez y tienen el don de saber estar y cintura para sortear las dificultades. Pero ¿qué pasa cuando una persona que se encamina hacia los 60 intenta encontrar un trabajo? La respuesta es sencilla: portazo.

En España, el 70% de los parados que llevan más de cuatro años buscando empleo son mayores de 50 años. Lo dicen los datos del Servicio Público de Empleo (SEPE). En Aragón, de las 22.491 personas que suman más de un año en el desempleo, 12.968 tienen entre 50 y 64 años. Y en esta radiografía, como viene siendo habitual, las mujeres son las peor paradas, con 8.200 aragonesas instaladas en el paro de larga duración. Con estos datos no es descabellado concluir que el mercado de trabajo es en estos momentos una de las caras más visibles de la discriminación social.

Los mensajes en redes sociales como Linkedin se llenan, cada vez más, de perfiles de gente que a los 50 o 55 años se quedan en la calle. Se trata, por lo general, de personas con cierta formación, pero también hay mucho sobrecualificado. Y ese es otro gran problema. Si has trabajado en la construcción o en la hostelería y te quedas sin trabajo a una edad avanzada tienes muchos boletos para ser carne de parado de larga duración. Si, por el contrario, cuentas con una carrera afianzada, experiencia y ciertas destrezas y aptitudes para seguir desempeñando tu trabajo, nadie quiere saber nada de ti, no vaya a ser cosa que te tengan que pagar un sueldo acorde a tus conocimientos. Es, en resumen, la dictadura de la edad.

¿Alguien conoce algún premio destinado a reconocer a emprendedores maduros? Si existe, se podría importar a Aragón, porque en la comunidad hay muchos ejemplos de personas entradas en años que tienen mucho que enseñar, por ejemplo, a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Se trata de aprovechar el capital humano, de darle otra dimensión y, de paso, generar sinergias positivas para las empresas y la sociedad.
 En los últimos años, hay miles de personas en Aragón de más de 45 ó 50 años, cuyas vidas laborales se vieron amputadas por la crisis. Me vienen a la cabeza episodios como el cierre de Hispano Carrocera en el 2013, que dejó en la calle a casi 300 trabajadores; el final de la planta de Siemens, en el 2007, que afectó a otros 313 empleados, y los centenares de expedientes de regulación de empleo que se sucedieron en los años de la recesión. Eso por no hablar de quienes se han quedado fuera del mercado laboral tras la desaparición de las antiguas cajas. La CAI es un ejemplo. O de aquellas, como Ibercaja, que han reducido drásticamente sus plantillas para mejorar sus ratios de eficiencia y rentabilidad.

La nómina de cadáveres laborales es elevada y las historias que hay detrás de ellas se han esfumado con las cartas de despido. Algunos se recolocaron, otros consiguieron hacer sus pinitos y trampear una edad fatídica y los menos decidieron montar su negocio.
En muchos de los casos, la única solución es emprender, aunque los emprendedores viejóvenes apenas gozan de visibilidad. Un estudio elaborado por la plataforma de la Fundación Endesa para la promoción de la empleabilidad concluye que el 37% de las 7.500 personas inscritas en esta plataforma tienen edades comprendidas entre los 50 y los 54 años, mientras que en el bloque de 55 a 59 años hay otro 23% de los usuarios. La mayor parte de estos son profesionales relacionados con el área comercial, ventas o marketing o vinculados a perfiles económicos, financieros y contables.

La esperanza de vida sube, la hucha de las pensiones mengua y la edad de jubilación se alarga. Entonces, ¿por qué el mercado laboral se empeña en rechaza a los mayores de 50 años? Algo no cuadra.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Informe de FEDEA sobre el paro de larga duración




En el pasado mes de febrero, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), publico un estudio sobre el paro de larga duración, en el que se constatan que cuatro de cada diez personas en paro seguirán estándolo en los doce meses siguientes y solo una quinta de estas personas encuentra empleo el segundo año, por otro lado según el estudio la posibilidad de ser persona desempleada de larga duración crece a partir de los 45 años. Actualmente, el paro de larga duración es un serio problema en muchos paíseseuropeos, pero España está entre los que lo sufren con mayor intensidad (Bentolila y Jansen, 2017) 

Los autores del estudio son el economista Samuel Bentolila, de la Fundación Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), el profesor de la Universidad Pablo Olavide Ignacio García-Pérez y el de la Universidad Autónoma de Madrid Marcel Jansen. El trabajo pone en el centro del problema del empleo el paro de larga duración: en estos momentos hay 1,9 desempleados que llevan más de un año en búsqueda activa de empleo, prácticamente la mitad de los 3,7 millones de desempleados que aún ven de lejos la recuperación económica.

Tras la Gran Recesión, el paro de larga duración ha alcanzado niveles sin precedentes en España. En el peor momento de la crisis, el 16% de la población activa y casi dos de cada tres parados llevaban más de un año buscando trabajo. Desde entonces, la situación económica ha mejorado considerablemente, pero de los 3,7 millones de parados actuales, 1,9 millones son parados de larga duración (PLD), es decir con más de un año de paro, lo que representa el 51% del total, mientras que la proporción de parados de muy larga duración (PMLD), es decir con más de dos años de paro, es del 37%. Transcurridos ya cuatro años de recuperación económica, estas cifras revelan un problema de gran magnitud.

Entre los 1,9 millones de personas desempleadas de larga duración, unos 636.500 tienen entre 45 y 59 años (más del 60% del total de estas edades), un colectivo para el que entrar en el paro supone un alto riesgo de no poder volver nunca al empleo. El estudio de Fedea así lo indica: más del 40% en esas franjas de edad seguirá en paro dentro de 12 meses, frente a los porcentajes inferiores al 30% para edades inferiores, y, si sobrepasan ese umbral, la probabilidad de seguir en el desempleo a los 24 meses se eleva al 80%.

Como primera conclusión, cabe señalar, por tanto, que la edad puede ser un factor que dificulte la contratación de los trabajadores mayores. Una de las razones puede ser que la inversión en formación tiende a reducirse con la edad, ya sea porque le quedan menos años hasta la jubilación o por un por un posible deterioro cognitivo.

Además, Fedea argumenta que la incorporación de mayores “puede plantear retos para la gestión de recursos humanos, especialmente si sus superiores son más jóvenes”.



martes, 20 de noviembre de 2018

La precariedad no es “cool”. La pobreza no es “trendy”, por Carmen Alemany Panadero


En los últimos años vengo observando un cambio en el discurso sobre el empleo. El cambio está en los medios de comunicación, en diversos blogs, en las redes sociales y en la calle, y parece traer consigo una nueva forma de entender el trabajo y las relaciones laborales. Según esta innovadora tendencia, los trabajadores ya no son precarios: ahora son flexibles, aventureros, se adaptan a su entorno y son creativos. Tener un empleador estable resulta obsoleto y aburrido: ahora los profesionales son freelance. Cada día trabajan en un proyecto diferente, adaptándose alegremente al cambio. Eso permite tener una carrera profesional variada, interesante, y poner en práctica todas sus habilidades, según dicen.

Un trabajo con contrato y con derechos laborales es cosa del pasado. “Los jóvenes millenials ya no quieren eso, repiten en los medios numerosos analistas económicos. “Este el trabajo del futuro”, dicen. En el futuro, los trabajadores serán flexibles y adaptables, trabajarán cada día para un empleador diferente, realizarán largas jornadas por bajos salarios, pero la empresa tendrá sillones para relajarse, mesa de ping-pong, buen talante, y decoración de vanguardia. A eso se le llamará “salario emocional”.

Los espacios de coworking han proliferado en las grandes ciudades. La mayoría de sus usuarios son autónomos, emprendedores que muchas veces no lo son por vocación sino por necesidad. Sin pretender desmerecer las conexiones personales que se puedan generar en estos espacios, llama la atención su aire cool, moderno y juvenil, en contraste con la precaria situación laboral de muchos de sus ocupantes. Una encuesta del INE (2017) recoge las principales preocupaciones de los autónomos en España: dificultades de financiación, falta de clientes en algunas épocas, falta de ingresos en caso de enfermedad, períodos de precariedad financiera, impagos de los clientes o retrasos en los pagos. Ser autónomo no es un camino de rosas. Incluso en los períodos de falta de ingresos tienen que seguir abonando la cuota de autónomos, el despacho o local de coworking y todos sus gastos. Sin embargo, el aura de modernidad y glamour de estos locales, no siempre permite ver esta realidad. La mayoría de las webs de los espacios de coworking hacen referencia a “trabajadores nómadas” (un neologismo cool para definir a trabajadores en situación precaria, que van de un proyecto a otro), “oficinas de diseño a precios asequibles” (compartir gastos para sobrevivir mes a mes), “innovación” o “creatividad” (busca soluciones debajo de las piedras para buscarte la vida y no tener que cerrar el negocio), “ambiente moderno y desenfadado” (dando importancia a lo accesorio sobre lo esencial). 

Esto no quiere decir que no tenga ventajas compartir los espacios, por supuesto que las tiene. Es obvio que al compartir oficina se reducen los gastos, disminuye el aislamiento y pueden (aunque no siempre) crearse conexiones interesantes entre personas. Pero eso no nos debe hacer perder de vista las condiciones de trabajo de muchos de sus usuarios.
Algunos emprendedores han dado un paso más, creando espacios de co-living. Esto viene a ser como un piso compartido, habitado por emprendedores que viven y trabajan en el mismo espacio y comparten gastos. Este artículo de El Mundo lo define como un “concepto rompedor”, aunque no es muy diferente de lo que hacíamos muchos jóvenes hace unos años, compartir piso con otros jóvenes por no poder afrontar los gastos de una vivienda en solitario ni cubrir los gastos básicos. Aunque la idea de co-living parece rodeada de un aura juvenil y cool, encubre situaciones de pobreza, salarios bajos que no logran cubrir los gastos, dificultades para acceder a la vivienda, precariedad laboral, falta de derechos laborales, e incapacidad de independizarse sin compartir vivienda.

Entre las nuevas tendencias, se encuentra el job-sharing, esto es, el trabajador comparte su puesto de trabajo con otra persona, y también el salario. Para la empresa, es obtener dos empleados por el precio de uno. Para el trabajador, únicamente permite recibir parte de su salario, lo cual le obliga a “ser flexible” y “ser un nómada” con varios trabajos a tiempo parcial, trabajando de forma precaria y parcheada. Algunos llamarán a esto una portfolio career. Para poder sobrevivir con esos salarios, algunos ya practican el nesting (del inglés “nest”, nido), que significa quedarse todo el fin de semana en casa, pues resulta más económico que acudir a actividades de ocio, y el wardrobing, que consiste en compartir ropa. La vivienda puede ser compartida en co-living o puede tratarse de un “pisito chic” de 30 metros, con un aprovechamiento milimétrico del espacio. Sin embargo, vivir hacinados en espacios extremadamente pequeños, o compartir piso durante años (y no solo mientras se es joven), lejos de ser glamuroso, genera estrés.

Algunas empresas han popularizado el concepto de “salario emocional”. Consiste en la idea de que la nómina no lo es todo en un trabajo, y que hay algunos aspectos más allá del económico que pueden hacer que el empleado trabaje feliz y retener talento. Algunas conocidas empresas tecnológicas han instalado hamacas, sofás, mesas de billar y futbolín, golosinas y comida gourmet, gimnasio, mobiliario a la última y cultivan un ambiente alegre y desenfadado. Lo cual estaría bien si no fuera porque a cambio, trabajan de sol a sol y sin horario, no salen de la oficina hasta altas horas de la noche, incluso en fines de semana, y no tienen apenas tiempo libre. Además, en estas empresas quejarse es impopular, al disfrutar de tantos servicios y privilegios. Es cierto que hay factores que pueden hacer que las personas trabajen más a gusto… pero esto no debe ser moneda de cambio para eliminar los derechos laborales, un horario racional y un salario digno. El “salario emocional” no puede utilizarse como estrategia para tener esclavos agradecidos.

La “economía colaborativa” surgió en 2010, basada en una serie de ideas y principios: servicios económicos para el usuario, colaboración mutua, empoderamiento de los ciudadanos, compartir bienes o propiedades infrautilizadas, desaparición de intermediarios… En los últimos años, han surgido numerosas plataformas como Glovo, Deliveroo o Uber, en las que la supuesta libertad en el trabajo y flexibilidad de horarios ocultan otra cara menos amable: la precariedad extrema y la pobreza de sus trabajadores. Con el tiempo, esta “economía colaborativa” ha ido recibiendo nombres menos inspiradores, como capitalismo de plataformas (Srnicek, 2018) o Gig economy. El pasado verano nos encontramos con esta noticia en El Confidencial, sobre un joven repartidor de Glovo que dormía todas las noches al raso. Su exiguo sueldo no le permitía dormir bajo techo. Los repartidores apenas cobran tres euros por pedido entregado, tienen que pagar ellos mismos 2 euros quincenales para utilizar la app y poder hacer su trabajo, no cuentan con seguro de accidentes, no disponen de derechos laborales básicos, como bajas laborales o vacaciones pagadas, y deben pagar su propia seguridad social. Varias sentencias judiciales han condenado a empresas como Glovo y Deliveroo por considerar que estos trabajadores no cumplen los requisitos para ser considerados autónomos, y que encubren de forma fraudulenta puestos de trabajo por cuenta ajena. Sin embargo, también se han emitido sentencias judiciales a favor de estas empresas, ya que la legislación actual no fue pensada para este tipo de empleos y existe un vacío legal. Actualmente el Parlamento Europeo está estudiando la posible regulación de estas plataformas para evitar la explotación laboral y los abusos.

Por su parte, un grupo de trabajadores de estas empresas han constituido la Plataforma RidersxDerechos, a través de la cual denuncian su situación, la pobreza, la precariedad, y su condición de falsos autónomos. Además, estos trabajadores han creado la cooperativa Mensakas, para continuar trabajando como repartidores de comida, pero esta vez en condiciones dignas y promoviendo el trabajo ético.

No pretendo decir que la innovación o el diseño de nuevas fórmulas para el empleo sea necesariamente algo negativo. Innovar está bien, crear nuevas fórmulas está bien, crear espacios de trabajo acogedores o modernos está muy bien. Pero es preciso actuar con prudencia para no perder derechos sociales y laborales. El “salario emocional” puede ser un valor añadido, pero no debe sustituir a los derechos laborales. Compartir piso puede ser una solución temporal, pero no puede sustituir a una política de vivienda que proteja los derechos de las personas. Emprender puede ser una buena solución para aquellas personas que tienen vocación de emprendedores y capacidad para ello, pero no como solución para todo el mundo, y desde luego, no como sustituto de las políticas públicas de fomento del empleo.

El lenguaje tiene el poder de dar forma a nuestra percepción de la realidad. Co-living, coworking, portfolio career, economía colaborativa… todos esos neologismos de resonancias innovadoras y transformadoras esconden algo más. Las sociedades evolucionan e innovar es necesario, pero siempre con unas políticas públicas que protejan los derechos de las personas. Porque de lo contrario, nos podemos encontrar con que evolucionemos en materia tecnológica y en la creación y diseño de nuevas fórmulas, pero a costa de regresar al medievo en derechos sociales y laborales.

martes, 18 de septiembre de 2018

El paro de larga duración es cronico


La salida de la crisis económica ha dejado un gran agujero de personas paradas de larga duración con unas expectativas de empleo prácticamente nulas y sin apenas protección social.

Concretamente, el 36,5% de los 3,4 millones de personas en paro lleva más de dos años sin trabajo y no cobra prestación por desempleo. La huella del desempleo juvenil ha pisado fuerte durante estos años pero el paro de larga duración (entre uno y dos años) ha ido creciendo de forma silenciosa en España desde que estalló la crisis en el 2008 y, aunque la tendencia se ha ralentizado desde el 2014, este todavía afecta a 1,7 millones de personas, de las cuales 1,2 millones llevan más de dos años en esta situación.

De este modo, el mercado laboral del país se encuentra lejos de recuperar las cifras de desempleo relativas al segundo trimestre del 2008, cuando solo el 25,9% de las personas en paro era de larga duración, frente al 52% actual; el 12% llevaba entre uno y dos años en el paro (frente al 15,5% de hoy); y el 13,9% llevaba más de dos años sin trabajo (frente al 26,5% actual). Así lo ponen de manifiesto los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que recoge el estudio 'Paro de larga duración: edad y género' presentado este lunes por la Unión Sindical Obrera (USO), que reclama al Gobierno “formación y políticas activas de empleo” para acabar con esta lacra.

Es paro de las personas mayores de 45 años, se ha vuelto cronico. Se trata de una pandemia que se ceba especialmente con ellas. Son el 38,6% del total del paro de larga duración, concretamente 687.600 de los 1,7 millones totales, la mayoría son cabezas de familia, que han entrado en una situación desesperada: llegan al desempleo en muchas ocasiones poco actualizados de las demandas actuales de la empresas, y les cuesta mucho tiempo volver a trabajar, por lo que pasan largo tiempo en paro. El fenómeno se ha agravado, en esta década de crisis que ha coincidido con un “proceso de digitalización de los empleos que ha dejado apartados de los procesos de selección a muchos trabajadores sin cualificaciones técnicas”, detalló ayer la secretaria de Comunicación y Estudios Sindicales de USO, Laura Estévez. Por ello, el sindicato reclama un plan eficiente de formación impulsado directamente desde el Estado que permita una "transición justa" a la digitalización de estas generaciones, "que se están quedando descolgadas".

La brecha de género tampoco se escapa al paro de larga de duración. España cuenta con 663.800 desempleadas que llevan más de dos años sin trabajo frente a 610.900 hombres; y 281.300 mujeres frente a 224.200 varones que llevan entre uno y dos años en el paro, una problemática especialmente preocupante en la horquilla de los 45 a 55 años y que supone estar expuesto en gran medida al riesgo de pobreza.

Por otro lado el empleo que se crea es precario, según el citado estudio de USO. En la última década, la ocupación a tiempo completo ha disminuido en 1.770.900 trabajadores, mientras que la que se realiza a tiempo parcial se ha incrementado en 468.000. Las mujeres son las principales de la parcialidad, triplicando a los hombres (2,1 millones de féminas frente a 740.100 varones), una circunstancia que pone de manifiesto la necesidad de impulsar “verdaderas políticas de conciliación familiar”, señaló el director del Gabinete de Estudios de USO, José Luis Fernández Santillana.

Además, los servicios representan el 75,39% del total de la ocupación, lo que demuestra una “excesiva dependencia de este ámbito productivo” que cuenta con los salarios más bajos y la mayor cantidad de contratos temporales de la totalidad de sectores. Para paliar esta problemática, Fernández expresó la necesidad de “ligar la contratación al principio de causalidad”, es decir, fijar como ordinario el contrato indefinido salvo una causa que justifique la temporalidad del mismo.

Fuente; ElPeriodico

jueves, 16 de agosto de 2018

Precariedad y trabajadores pobres


España es el país europeo de la OCDE con más trabajadores pobres. Un 14,8% de los trabajadores españoles no pueden sobrevivir con su salario mensual.

La OCDE entiende como trabajadores pobres la masa laboral que percibe menos del 50% del salario medio del país. España se sitúa en la peor posición de todos los países de la UE, y sólo empeoran las cifras españolas cinco estados extracomunitarios: China, India, Costa Rica, Brasil, Turquía y México.
Tras los años de la crisis y en un contexto de supuesta recuperación económica, el empleo no ha vuelto a ser como el que conocíamos. La precariedad laboral se ha extendido y normalizado. Estamos ante un nuevo paradigma del mercado laboral. El aumento de la tasa de empleo no resuelve el problema de la precariedad y la pobreza de muchos trabajadores. La precarización es ahora la norma.

Los colectivos más vulnerables se ven especialmente afectados. Jóvenes, mujeres, migrantes extracomunitarios, mayores de 45 años y personas con discapacidad se encuentran especialmente expuestos a la precariedad y a la pobreza pese a contar con un salario. El problema aumenta cuando se dan varios de estos factores en una misma persona (mujer, migrante, racializada, con discapacidad, con baja cualificación educativa y laboral, etc). En este caso el riesgo de pobreza se multiplica.

Tradicionalmente el empleo aportaba seguridad económica, dignidad, bienestar, derechos sociales y laborales, cotización a la Seguridad Social, consideración social e incluso la identificación de la propia persona con su profesión como seña de identidad (“soy médico”, la profesión como parte de la identidad personal). El modelo laboral ha cambiado pero la sociedad no lo ha hecho al mismo ritmo. Nos encontramos ante grandes masas de ciudadanos en situación precaria, que concatenan contratos de unos días e incluso de pocas horas, que trabajan en negro sin contrato ni seguridad social, y que pese a trabajar no logran alcanzar la cifra de 684 euros que el informe AROPE establece como umbral de la pobreza. Muchos de ellos tienen cargas familiares, lo cual condena a la familia al completo a la pobreza.



La precariedad tiene muchos efectos indeseados, que van mucho más allá de los ingresos económicos. La pérdida de seguridad económica y de bienestar, la pérdida de las cotizaciones a la Seguridad Social, la reducción en las cuantías de las pensiones de jubilación, la pobreza de los futuros mayores jubilados, aumento de los problemas de salud (por estrés, por cambios de turno, por asumir tareas de riesgo por necesidad, por la pérdida de bienestar y dignidad en el empleo).

No se trata de un problema individual, que afecte únicamente a los individuos con empleo precario y que únicamente nos tenga que preocupar por razones humanitarias. Se trata de un problema social y económico con consecuencias a todos los niveles y para toda la sociedad: menos cotizaciones a la Seguridad Social, un inferior sostén económico para los pensionistas actuales y futuros (al haber menos cotizantes), menos aportaciones económicas de estos trabajadores en concepto de IRPF para sostener el gasto público, reducción de los ingresos estatales, disminución de la demanda y del consumo de bienes y servicios, potencial cierre de empresas por la disminución de la demanda, empobrecimiento general de la sociedad. No se trata únicamente de una cuestión humanitaria, aunque sin duda tiene elementos para ser considerada un drama humanitario para muchas familias. Pero va mucho más allá de eso, tratándose de un problema social que puede lastrar el desarrollo de nuestras sociedades durante décadas.

A todo lo anterior hay que añadir los efectos de la transformación digital. La irrupción de las nuevas tecnologías digitales, la robotización y la inteligencia artificial en el mercado de trabajo está generando importantes transformaciones, que pueden dejar excluido a un importante sector de la fuerza de trabajo. Todos aquellos trabajadores que no puedan adaptarse a los nuevos requerimientos corren el riesgo de verse excluidos del mercado laboral, con lo que ello implica a todos los niveles (pobreza, aumento de la carga para las arcas públicas por el pago de prestaciones por desempleo, reducción de los ingresos públicos por cotizaciones e IRPF). Debido a las rápidas transformaciones que estamos viviendo, las sociedades actuales corren el riesgo de verse azotadas por la pobreza y la exclusión social y laboral en pocos años.

La globalización y el neoliberalismo han conseguido acabar con al autonomía de los Estados para legislar en función de sus verdaderas necesidades y de llevar a cabo una auténtica política social. Es necesario plantear medidas correctoras que permitan la supervivencia y la dignidad de las personas y la viabilidad económica de los Estados. Un Estado sin trabajadores no es viable, ya que pierde buena parte de sus ingresos. Es un problema humanitario y de dignidad humana, pero también es un problema de viabilidad económica que es necesario abordar. El neoliberalismo a la larga genera Estados repletos de masas empobrecidas, sin servicios públicos e inviables.

Fuente:Medium. Carmen Alemany Panadero.Precariado y trabajadores pobres

viernes, 20 de julio de 2018

Proyecto Savia de Fundación Endesa, para el empleo +50



SAVIA es un proyecto sin ánimo de lucro liderado por Fundación Endesa . La actividad de la Fundación se centra en cuatro ejes de actuación: educación, formación para el empleo, medioambiente y cultura. El proyecto se encuadra dentro del área de formación para el empleo.


Se trata de un punto de encuentro entre profesionales senior en paro mayores de 50 años, y las organizaciones del tejido empresarial y social que busca promover un cambio cultural, ofreciéndo soluciones al tejido social y empresarial para acercan al entorno laboral a grandes profesionales dotados de talento y experiencia.


Fundación Endesa busca promover un necesario cambio cultural sobre un colectivo que se estima en alrededor de 1 millón de profesionales mayores de 50 años (fuente: INE primer trimestre 2018) que han sido desvinculados prematuramente de sus trabajos. Un cambio cultural que además ofrece soluciones al tejido social y empresarial español (PYMEs, startups y ONGs) al que le acercamos a grandes profesionales, dotados de talento y experiencia para su crecimiento y desarrollo. 

El talento senior representa en la actualidad un activo vital y del que no podemos prescindir en nuestro país. Por ello, queremos aportar soluciones efectivas a la optimización de dicho talento y hacerlo desde dos dimensiones: la necesidad que tienen los profesionales senior por seguir trabajando y aportando a la sociedad y, por otro, la necesidad que existe en el mundo empresarial y, especialmente, en las empresas, PYMEs, startups y ONGs de captar este talento. 

En este contexto, consideramos que es una obligación social y nuestra responsabilidad, pero también una gran oportunidad para el tejido empresarial, trabajar para mejorar la empleabilidad y el retorno al mercado laboral de aquellos profesionales que mejor lo conocen. 

Fundación Endesa incorpora como partner social y para llevar a cabo la gestión del proyecto, a la Fundación máshumano , entidad sin ánimo de lucro que lleva más de 15 años promoviendo la humanización de los modelos de gestión de las empresas y las estructuras sociales. Para el desarrollo tecnológico hemos contado con los servicios de Grupo Barrabés y el soporte de comunicación ha sido encomendado a Havas

FUENTE: FundacionEndesa
miércoles, 30 de mayo de 2018

El paro de larga duración, tiene solución?





Según el Instituto Nacional de Estadística, datos a 24 mayo 2018, en el grupo de personas en paro de 50 a 59 años en el año 2017, por sexos, el 57,7% de las mujeres desempleadas en la UE-28 eran de larga duración, y en España este porcentaje fue del 62,5%. En los hombres del mismo grupo de edad, el 57,8% de los desempleados eran de larga duración en la UE-28, mientras que aquí el dato es algo mejor (55,4%).El paro de larga duración escenifica el drama del empleo en España.


Recientemente europapress, ha publicado un  articulo sobre que España es el segundo país de la UE con una mayor tasa de paro de larga duración, sólo por detrás de Grecia, que lidera la clasificación con una tasa del 15,7%, el doble que el porcentaje español (7,7%), según datos de Eurostat del ejercicio 2017 recogidos en un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE), ver articulo completo en 
europapress.

En este contexto un  libro electrónico de VoxEU (Bentolila y Jansen, 2016) señala hay una gran heterogeneidad en la incidencia del Paro Larga Duración (PLD), durante la Gran Recesión en toda la UE. España, junto con Grecia, destaca con los peores datos. En el momento más bajo de la crisis, la tasa de paro alcanzó el 27% de la población activa y, en su punto máximo, el PLD suponía el 62%. Si bien la situación del empleo ha mejorado considerablemente en los últimos cuatro años, la proporción de personas en paro de larga duración sigue siendo del 57%.


En su libro Samuel Bentolila y Marcel Jansen, analizan las causas inmediatas de estos pésimos resultados incluyen, y como en muchos otros países de la UE, los shocks externos: la crisis financiera internacional y la crisis de la zona euro. Pero en el caso de España los efectos de estas perturbaciones externas se vieron agravados por el estallido de una burbuja inmobiliaria y por una crisis bancaria a gran escala. Además, los shocks interactuaron con factores institucionales como tener un mercado de trabajo fuertemente segmentado y un sistema rígido de negociación colectiva, lo que dio lugar a una destrucción masiva de empleos temporales, especialmente en la construcción, y a retrasos en el ajuste de los salarios resultantes de la negociación colectiva.



Como resumen la publicación da medidas sobre qué hacer, para lo que Bentolila y Jansen consideran que, para mejorar las perspectivas de los parados de larga duración, España debería intensificar sus esfuerzos para llevar a cabo políticas activas activas de empleo (PAE) efectivas. De hecho, el reciente metanálisis de Card et al. (2015a, b) indica que las PAE pueden contribuir significativamente a la reducción del paro y, especialmente, del paro de larga duración.

Tras un largo período de inacción, las autoridades españolas han aprobado un programa de tres años para ofrecer apoyo individualizado a un millón de parados de larga duración (Programa de acción conjunta para desempleados de larga duración). Sin embargo, España tiene un historial muy pobre en las PAE y nuestros servicios públicos de empleo están obsoletos. Estas deficiencias deben ser tratadas antes de que podamos esperar resultados positivos del nuevo plan. Y las noticias recientes sobre las agencias privadas de colocación no son muy alentadoras.

De cara al futuro, es esencial intensificar la activación temprana de las personas desempleadas. En particular, esto es crucial para los parados que reciben prestaciones, de modo que eviten llegar a duraciones del paro en las que, debido a la dependencia de la duración antes mencionada, las bajas tasas de salida les condenen a entrar y permanecer en el paro de larga duración.

FUENTE; Nada es Gratis. Para más información clicar aqui
lunes, 30 de abril de 2018

El paro sube y el gobierno intenta bajar las prestaciones por desempleo: UGT


Los datos de la EPA del primer trimestre de 2018 muestran una cifra total de 3.796.100 desempleados, con 29.400 parados más que el trimestre anterior. La tasa de paro se sitúa en un 16,74% (0,2 puntos superior a la registrada el último trimestre de 2017), con un ritmo de creación anual de empleo del 2,36%, en su mayor parte de carácter temporal (el empleo asalariado temporal aumenta en un 4,38%).

Para UGT, estos datos demuestran la debilidad del proceso de expansión económica en el que nos encontramos en nuestro país, ya que el empleo que se crea, es de baja calidad, mayoritariamente temporal y precario, y, a pesar de ello, no se aumenta la protección a los desempleados.

En este sentido, el sindicato alerta de que el Gobierno pretende recortar las prestaciones por desempleo y el gasto en esta materia, como se refleja en su proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2018. De esta forma, el Ejecutivo pretende volver a ajustar el déficit a costa de los derechos de las trabajadoras y trabajadores desempleados. Por cada desempleado, el Gobierno destinará, en 2018, 6.776 euros, menos que en 2017 y 2.758 euros menos que en 2010, con el agravante de que en ese año la tasa de cobertura por desempleo era casi 20 puntos superior a la actual.

Los datos de la EPA muestran que la tasa de temporalidad se sitúa en el 26,1% de los asalariados, 0,3 puntos por encima que un año antes. Por otra, la parcialidad involuntaria permanece como un elemento ya arraigado en nuestro mercado de trabajo: 1,5 millones de personas trabajan a tiempo parcial por no haber encontrado empleo a jornada completa. La tasa de parcialidad involuntaria llega al 54,7%. Así, las reformas y medidas del Gobierno, lejos de corregir la dualidad del mercado de trabajo, han extendido la precariedad y la desigualdad en el mercado laboral.

Asimismo, UGT denuncia que se mantienen las cifras del paro de larga duración y muy larga duración (la mitad de los desempleados lleva más de un año buscando empleo y el 36% más de dos años), un volumen importante del número de hogares con todos sus miembros en paro (1.241.800), con un aumento en el trimestre de 2,6%; una tasa de cobertura que no llega al 60% y unas políticas de empleo que no cuentan con los recursos suficientes para ser efectivas a la hora de mejorar la empleabilidad de las personas, en especial de los parados de larga duración, mayores de 55 años y jóvenes.

El sindicato considera imprescindible una nueva orientación de la política económica con unos Presupuestos Generales del Estado para 2018 que apuesten por los factores que permiten a una economía crecer a medio y largo plazo. Unos presupuestos que apuesten por empleos y salarios de calidad y por la protección a los desempleados. Todo ello es necesario para que España consiga encarar un proceso de expansión económica sostenible, para todos, permitiendo la disminución de los niveles de desigualdad y pobreza.

Fuente: El Plural

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